Pienso que si el obispo quiere con ardor a sus sacerdotes, ninguno se le resistirá. Es preciso olvidar la propia "dignidad y autoridad" en el trato. Hable con cada uno de ellos con cariño. Dígale con lágrimas del corazón que "no es amado el Amor". Si hay que dejar otras cosas para poder atender mejor a sus sacerdotes, déjelas en manos de colaboradores. Que vean en su obispo no un "gobernante", sino un amigo que ama.
Y si tiene algún sacerdote "díscolo", tratarlo a él con más cariño y amor. Dedíquele más tiempo. Verá cómo se apea del burro cuando vea a su obispo humilde. No hay quien se resista. Ver página en internet
http://personales.jet.es/mistica
Viernes, 1 de junio
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni