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Felipe, vuelve

Por Iñaki Ezkerra
La Razón
Viernes, 17 de diciembre 2004

La gente es terrible en este país. Ahora, cuando no toca y ya no hay vuelta atrás, algunos están redescubriendo a Aznar. Mucha peña de la derecha más vergonzante que sucumbió a la campaña de descrédito contra el ex presidente y deseó «un cambio de talante» frente a los nacionalismos (ése era el gran defecto que le veían cuando era el gran acierto), mucha de esa derecha no ya sociológica sino antropológica y fisiológica que es la peor de todas porque es la más reaccionaria y la más acomplejada paradójicamente, la que no viajó nunca al centro porque vive instalada con naturalidad y permanentemente en el prejuicio extremo pero a la vez decía que «Aznar debía haber dialogado más con los nacionalistas», es la que ahora –a buenas horas mangas verdes– ha redescubierto a Aznar igual que el marido que traiciona a la parienta y luego la redescubre al verla con un picante salto de cama.

Hay gente que necesita de la infidelidad para retroalimentar sus fervores conyugales y quien necesita ponerle cuernos al político de sus sueños una temporadita para luego redescubrir que todavía está de buen ver. El salto de cama de Aznar que ha causado estragos fue su comparecencia en la comisión del 11-M. Y la comparecencia de Zapatero sirvió para reforzar la nostalgia. Hay cierta derecha caprichosilla y picaflores que se hace la ilusión de que es de izquierdas; que no es ya que sea ideológica sino biológica –como digo– y que después de votar a Zapatero se da cuenta de que se ha ido con el que no le gustaba sólo porque se lo decían sus amigas, por probar algo nuevo y porque sonreía muy bien.

Pero la sonrisa de Zapatero tenía fecha de caducidad y caducó en esa Comisión en la que triunfó Aznar precisamente porque alguien que sabe de medios (¿tiene ya un asesor de imagen?) le chivó que no sonriera ni hiciera bromitas, que no es lo suyo. Y él cumplió la orden a rajatabla y arrasó en ese registro sobrio que no es el del cabreo ni la lagrimita ni la famosa crispación.

Ahora que crecen como setas los nostálgicos de Aznar y que se ponen tan pesados a destiempo –cuando hay que apoyar a Rajoy– a mí me ha dado por redescubrir a Felipe. Le veo a Zapatero apoyando su gobierno en la Esquerra y diciendo al PP que no haga debate «con lo que nos une» y me doy cuenta de que a la hora de la verdad quien más confianza me inspira en ese partido ante esa cuestión es la vieja guardia: Felipe, Guerra y para de contar.

Tan mal ve uno las cosas que para serenarse se agarra a los dos nombres del casposo y corrupto PSOE, que son los que nunca llegaron a cuestionar la estructura del Estado. Son la mafia, sí, pero sólo ellos saben que pronto habrá que dar un golpe de timón. Con esa mezcla de abelismo tontorrón, osadía superficial y descreimiento generacional sin memoria Zapatero da vértigo. Este lo mismo se cree que lo de romper España para contentar al PNV, a ERC y al PSC iba en serio. Anda Felipe, dile que todo era un juego para acabar con Aznar.

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