Segundo cuento zen
22.09.06 @ 17:37:16. Archivado en Ciberperiodismo: Retos
Intento entender cuál es el mejor camino en la enseñanza del ciberperiodismo. Escribo. Las posibilidades se multiplican. Y otra vez, un amigo me regala un cuento zen para resolverlo.
En la lectura de este milenario texto reside la vía que ha guiarnos en la largo camino de la enseñanza del ciberperiodismo.
Cuento Zen del monasterio de Kukul-fathung (s.XI a lo que parece según el manuscrito transcrito por el monje Tai-Shi, letra jipian tipo B)
Los tres maestros
El pequeño saltamontes le preguntó:
─ ¿Cómo pudiste tener maestros distintos y que se contradecían entre sí?
El maestro le contesto:
─ Yo asistía a las enseñanzas de tres maestros diferentes que platicaban en tres templos distintos. El primero nos decía que es necesario guiarse de las intuiciones y actuar con valor para cambiar la vida. El segundo nos hablaba de la observación del mundo que nos hacía sabios y de la imposibilidad de cambiar nada. El tercero nos describía la importancia de la reflexión y la necesidad de actuar después de adquirir una experiencia determinada. Eran como tres generales que van a la contienda dispuestos a ganar pero con ideas totalmente diferentes.
─ ¿Y que pasó en la batalla?
─ Qué perdieron los tres.
─ ¿Ninguna de las estrategias resultó efectiva?
─ El primero fracasó por su premura, su apresuramiento, su feliz atolondramiento. Acertó muchas veces y su celeridad le dio una ventaja sobre los demás pero, con sólo una batalla final, quedó derrotado.
─ El segundo maestro no deseaba actuar sino observar.
─ El segundo maestro fracasó porque le abandonaron sus discípulos hartos de su iniciación. Sus descripciones del mundo eran fantásticas pero inútiles; el mundo le superó y lo dejó de lado.
─ ¿Y el tercero que proponía actuar y reflexionar?
─ El tercer maestro tuvo discípulos importantes y poderosos, actuó como consejero de los Daimios más importantes de nuestro país pero también se equivocó en muchas ocasiones dejando pasar un tiempo precioso. La vida nos supera muchas veces si no tomamos una decisión rápida y certera. Los jóvenes daimios lo abandonaron deseosos de emular y superar rápidamente las gestas de sus padres. Finalmente, también se quedó sin discípulos.
─ Estaban equivocados.
─ Y tenían razón. Lo que os enseñé fue una reunión de los tres maestros para actuar en cada ocasión con una estrategia distinta ya que el enemigo cambia. Muchas veces, el atolondramiento de mi primer maestro era mucho más efectivo que la sesuda reflexión. Otras veces, al contrario. Esto es lo que me enseñaron los tres maestros: a actuar con personalidades diferentes según cada acontecimiento.
─ Pero, ahora dudas, maestro.
─ Sí. Luego, me di cuenta de que yo también tenía razón y estaba equivocado.
─ Maestro, eso no lo dijiste cuando nos enseñabas en el templo y nuestros corazones saltaban de nuestros pechos por la emoción que sentíamos al oírte.
─ Por que si hubierais pensado que dudaba, no me hubierais tratado de maestro. Es necesario engañar a los discípulos para enseñarles la verdad.
─ No lo entiendo.
─ Ya lo entenderás.
─ Se alcanza la sabiduría cuando se sabe que los maestros tenían razón pero estaban equivocados. Pero, sólo se llega a maestro cuando se sabe que uno mismo también está equivocado.
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Santiago Tejedor
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