Oenegeses
16.04.07 @ 20:58:23. Archivado en Alandando
Lo de Anesvad estaba cantado dentro del mundillo. Nadie sabía que había un ladrón como la copa de un pino pero en la plataforma de “oenegeses” que se dedican al desarrollo y la cooperación ya habían tomado medidas expulsando a la institución que fundaran los jesuitas y que rápidamente abandonaron cuando vieron que se les iba de las manos.
Sus campañas publicitarias agresivas y la gestión poco transparente no ha conseguido que nadie se extrañase de que su máximo responsable descuidara unos millones que, en principio, irían a paliar los estragos de la lepra. O quizá el ínclito innombrable pensase que su alma leprosa podría curarse con unos millones de euros donados para una causa justa. El muy hijo de puta.
Lo de Intervida es más complicado. Por ahora sólo hay una investigación abierta porque un antiguo empleado de su delegación peruana interpuso una denuncia. Ni siquiera hay una acusación en firme. Pero claro, como lo que nos llega son los titulares sólo asociamos Intervida con fraude sin detenernos en “investigación” por “posible” fraude. Está por ver.
Parece, eso sí, que las inversiones procedentes de apadrinamientos de niños no se destinaban íntegramente a tal fin, sino que una parte se invertía en empresas con fines lucrativos para multiplicar los beneficios y llegar a más gente. Pero claro, volvemos a lo de siempre, a las entrañas de la acción social, a que el fin no justifica los medios, a que de nada serviría invertir en comercio de armas para luchar contra las guerras; en que sería absurdo entrar en el negocio del narcotráfico para conseguir fondos con los que rehabilitar toxicómanos… por poner algunos ejemplos extremos.
Sin embargo, y después de haber vivido de cerca el devenir de múltiples y variopintas “oenegeses”, sigo creyendo en ellas. No sólo porque la Fundación Lealtad hiciese público un comunicado informando de la credibilidad y el buen hacer del 88% de estas instituciones inscritas en nuestro país. Estoy completamente convencido de que los voluntarios, la mayoría de los cooperantes, los religiosos y las misioneras que están invirtiendo su vida sin nómina para la construcción de una sociedad más justa, para hacernos creer que otro mundo es posible, no se quedan un céntimo. Eso lo tengo clarinete. Tanto, tanto, que yo mismo estuve un año en los Andes dejándome la vida, el alma y el corazón por los que no habían tenido la suerte de nacer, como yo, en el primer mundo con todas las oportunidades a tiro de piedra.
Por eso quería romper una lanza en favor de entidades como, por ejemplo, Manos Unidas, como, por ejemplo, Cáritas Española, como, por ejemplo, Haren Alde, como, por ejemplo, Entreculturas, como, por ejemplo, SED, como, por ejemplo, Setem, como, por ejemplo…
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Santiago Riesco









