
Antonio Matilla
sacerdote y profesor
Hoy debe ser Viernes Santo. Viernes seguro que es, pero santo no sé si tanto, pues las celebraciones de este día suelen estar menos concurridas que otras, procesiones aparte. Y hablando de procesiones, algo tiene que haber de cierto en la piedad popular cuando le da tanta importancia a la Pasión, al sufrimiento de Dios, a la muerte y sepultura del mismo Dios, que como decían los antiguos, y algunos no tan antiguos, no debe ser mucho Dios porque un Dios con cuerpo y encima muerto, pues como que no, que ni es Dios ni nada. Todo lo más un profeta, grande pero profeta.
Y es que eso del sufrimiento, de la muerte, del mal hecho carne, parece que no vende bien hoy en día con tanto progreso y tanto disfrute. Tal vez por eso se vacían las iglesias este día. El mal es un misterio que, como todos los misterios, nos domina y –además- en este caso nos escandaliza. Y le echamos la culpa a Dios, o pasamos de un Dios que, ni sabe defenderse El, ni nos defiende a los pobres, a los humildes, a las buenas personas. Y se repite una y otra vez la misma falsa pregunta: ¿por qué me tiene que tocar a mí? Si Dios es bueno ¿por qué deja que sufran los buenos y gocen los malos? ¿Por qué permite las guerras y las catástrofes naturales que, además, siempre les tocan a los mismos?
Pero en estos días de vacación, casa rural y playa, los hospitales siguen igual de llenos; en Topas habrá un preso menos, pero sólo uno, los demás siguen allí; las personas mayores que viven solas, estarán quizá más solas estos días; habrá accidentes de tráfico y atentados en Irak, aquí esperemos que no, al menos no con los explosivos incautados en los últimos días. ¿Cuántos matrimonios se romperán aprovechando estos días de vacaciones, con más tiempo para pelearse?
Un Dios raro el nuestro, que permite que su Hijo sea perseguido desde niño, tenga que exiliarse en Egipto y acabe condenado a muerte por motivos políticos , concentrando en sí todos los males de la época y de todas las épocas. Para el que quiera ver, la noche se cierne sobre el mundo. Para el que quiera ver más, la aurora ya se anuncia, el sol emerge de una tumba vacía. Adoremos el madero desde el que se ilumina el misterio del mal.