06.03.07 @ 14:03:56. Archivado en OBituario
Siempre vi en Coll un compañero de letras. Su humor vivía en el lenguaje. Analogías, homologaciones ingeniosísimas, trabalenguas, adivinanzas de nuevo cuño, sus inolvidables traducciones al alimón con Tip… Yo, formado universitariamente en la filología, no dejaba de alegrarme de ver para qué cosa servía tener respeto a las palabras. Y eso, que más se parecía, en apariencia, lo que él hacía, a la falta de respeto a las palabras. Coll inventó la falta de respeto como homenaje, en el caso de las palabras. Hoy, sus acepciones patafísicas sirven y sirven de mucho, en las aulas de Primaria más avanzadas, para vehicular el ingenio y el lenguaje como juego. Sólo aquello que sirve de juego es respetado por los infantes. La noción de juego, como introducción en las mentes, no con intención de permanencia, sino como de simple primer acceso, es fundamental en la pedagogía más elemental.
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