Según la consigna de Antonio Gramsci, la ideología tiene siempre supremacía sobre la Cultura. De manera que no hay, no puede haber, activo cultural que no lleve su carga ideológica. La misma ausencia de carga ideológica -dicen- es reaccionaria, conservadora de un status de mantenimiento de la injusticia, egoísta y generador de pobreza para los más, defendiendo el poder, económico y político, para los menos.
Esta manera de pensar hace que todo aquél que se considera de izquierdas opere en la más enraizada creencia de que esa manera de pensar no sólo es la más justa, sino también la más objetiva, la más progresista y la más humana. O no, mejor, no la más justa, etc...; sino la única justa, etcétera. De ahí que no dejen opinar a los demás sobre ningún tema, sin saber que no dejan.. La solución para todo es la de la izquierda; es decir, la suya. Quien se opone no puede hacerlo sino desde la ignorancia o el egoísmo. Y, así, tiende a manifestar sus opiniones en voz alta, sin respetar a nadie. E interpretando el silencio de acogida como natural aquiescencia a sus decires. No tiene conciencia de que puede violentar a sus contertulios o circunstantes del momento. Jamás admitirán que la suya es una postura subjetiva y particular. Pensar como de izquierdas no sólo es llevar la razón. Es la razón misma. El resto de opiniones son, eso: ignorancias, egoísmos y dogmas sobrepasados.
Esta deificación del pensamiento jamás va a admitir que es tan sólo una manera de pensar más. Sin saber que así lo creen, hablan y se manifiestan como si su voz fuera la sucesora de la Palabra de Dios en épocas pasadas. De esa manera, toda pluralidad la consideran transitoria. Al final, vendrá el advenimiento sempiterno de la Izquierda, donde todos seremos iguales libres y justos. Cualquier debilidad en este proceder -o, mejor, en esta praxis- es considerada como herejía para esta fe ideológica.
No sé si fuera de España será así también. Pero dentro de España, la izquierda es así: totalitaria de manera natural. La izquierda española no tiene conciencia de que la sociedad mejora y avanza con la alternancia -todo lo irregular que se quiera- de las dos ideologías. No, lo mejor, según ellos es la permanencia sempiterna de la izquierda en el poder. Y para ello, no dudan en ideologizar a la policía, a la judicatura, al periodismo, a la Educación y a la Cultura. Y ello, sin conciencia de hacer mal alguno. De la misma manera que, en tiempos de la Inquisición, la Iglesia tenía que estar en todos los ámbitos de la sociedad, así la ideología de izquierdas ha de estar iluminando y gobernando las decisiones de todos esos ámbitos.
Pero, a lo que yo iba es a la autoignorada arrogancia de quien, sin conocerte en tus actitudes ideológicas, se permite opinar valorativamente -sin reservas de subjetivación- sobre cualquier aspecto, despreciando alternativas sobre tal o cual problema público. O quien da por supuesto que, dado tu carácter creativo, no tienes más remedio que ser de izquierdas. Y no saben interpretar tu silencio educado ante sus demasías verbales. A los de derechas les tiene que dar vergüenza, opinan inconscientemente, manifestarse como tales. Y tienen que avergonzarse de que valoren políticas de privatización o de liberación de la leyes laborales. Solamente los de derechas se manifiestan en público cuando están seguros de que toda la concurrencia es de su opción ideológica. Esto es un menoscabo de la libertad.
Así las cosas, pienso que el mayor problema de fondo que tiene esta sociedad española es que su izquierda todavía no ha tomado conciencia de su relativismo ideológico. Y lo tiene por absoluto, como hace casi un siglo. Mientras no despierte, y se conciencie de que el mejor reparto lo hace la creación de riqueza y no la distribución del presupuesto, España estará abocada a ser dos, en primer lugar y en segundo a no prosperar. Vale.
Viernes, 1 de junio
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Rufino Soriano Tena