Algunos intelectuales de antaño se preguntaban eso que digo en el título. Hoy, tenemos que cambiar el tiempo verbal, y ponerlo en pasado remoto. Ojo, remoto de facto, no de tiempo, que eso quiere decir el Pretérito Indefinido, cuando sustituye al Imperfecto. El caso es que sobrevuelan serias dudas, sobre si la inminente desmembración, pura, federal o confederal de España, es querida en realidad por la mayoría de los españoles. Tenemos ahí esa abultada minoría de abstencionistas en Cataluña, que, de pronunciarse, decantarían definitivamente la balanza hacia el separatismo o hacia la unidad nacional española. Y están también esos 300.000 vascos exiliados (la mayor vergüenza de España hoy en día), que de haberse quedado en su tierra, estarían relegando casi siempre a las facciones nacionalistas, abertzales o no. O sea, que lo que hay (separatismo mayoritario en Cataluña y País Vasco) no está claro que sea el reflejo de la realidad auténtica que sociológicamente debería ser la norma en esas partes aún españolas.
Pero nadie activa esas fuerzas españolas, democráticamente españolas, que laten durmientes en ambos rincones peninsulares. La izquierda porque aún no se ha destetado de la creencia de que el PP es Franco, y que la Guerra Civil aún puede ser ganada, que se perdió una importante batalla, pero no la guerra al completo. Y, en esa realidad virtual en la que vive, los nacionalistas son aliados contra los nuevos franquistas. Y ello, aun al coste de la insolidaridad económica entre los territorios españoles –un hecho ya consumado- y, más aún, al de la desmembración del Estado. Todo vale si el PP lo considera una derrota.
Si no fuera así, en España sería posible un Pacto a la Alemana, socialistas y pperos en una coalición española, perfectamente democrática, que impulsaría hacia delante todos los ámbitos de la realidad: economía, educación, etc. Pero, ya digo, el PSOE interpreta como victoria todo lo que el PP encaja como derrota, en una mecánica perversa, que sólo lleva ventaja a los nacionalistas todos. Por ejemplo, la política del Agua. Un desvío absoluto de lo que debiera ser una política de izquierdas, solidaria y vertebradora del territorio nacional. O la continua tentación de la ingeniería social como bastardo sustituto del buen gobierno, sostenida por una mayoría, tan exigua como efímera, creando territorios de inestabilidad jurídica.
Por eso, repito: “¿Qué fue España?” es pregunta que será ya para historiadores tan sólo. Con Dios.
Viernes, 1 de junio
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Rufino Soriano Tena