Santiablog Delgado

Ese portugués

26.04.10 | 15:22. Archivado en Fútbol
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Las aficiones catetas por esos estadios de este país han dado en un pareado cutre y casposo, que aplican al jugador Cristiano Ronaldo, para mí y para muchos, el mejor jugador de fútbol del mundo. No el mejor regateador, que eso es Messi. Es el más técnico, más atleta, y más compañero de sus compañeros, en un deporte que lleva por segundo título el de “Asociación”. Fútbol Asociación, se llama. Los perullos de Almería y Zaragoza –los que no son perullos en esas ciudades no- le han cantado a Cristiano Ronaldo. “¡Ese portugués / hijoputa es!”. O sea, el ingenio mayor del que son capaces.
Y, encima, estos casposos pretenden que no es un insulto a los portugueses. La misma palabra, en la mayoría de los contextos populares, tiene tintes de insulto. Ya dejó testimonio de ello Camilo José Cela en el “Pascual Duarte”. Las disputas en el matrimonio campesino alcanzaban su climax cuando la mujer le imprecaba con agresividad: “¡Portugués!”. Entonces, era el acabóse. He conocido a dos extremeños. Los dos me han contado, como en secreto: “Las portuguesas no se depilan”. Y en Vigo te cuentan del barco de madera portugués “O terror dos mares”, que en llegando a la bahía de Vigo, una de las más profundas del globo, mandaba mear desde la cubierta a las aguas gallegas, para que su barco pudiera entrar sin encallar, por subir la marea a causa de los marineros lusitanos. Todas estas cosas no son sino muestra del pobre prejuicio de superioridad, carpetovetónico y estúpido, que los españoles nos hemos gastado con nuestros vecinos. Supongo que a la viceversa, cantará un gallo primo hermano de este que cuento.
Ahora, los impresentables de esos estadios que digo, repiten como mantra pueblerino el pareado arriba transcrito. El Comité de Observación de Violencia en el Deporte, o como se llame, ha de tomar nota de este racismo nacionalista y aplicar sanciones ejemplares contra las aficiones que profieran la estupidez mentada. Yo, cuando la oigo, siento vergüenza ajena. No tanto de la expresión en sí, sino por comprobar el carácter gregario y adocenado de las gentes cuando se convierten en masa. Y un campo de fútbol es el medio ideal para masificarse, despersonalizarse y encontrar en el insulto camuflado sublimación de las propias insuficiencias.
Creo que antes de esa providencia oficial, la prensa deportiva debe salir al paso de este desaguisado, con decisión. Vale.


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