A la crisis no hay que llamarla crisis internacional, ni financiera, ni nada. Ni siquiera crisis de Zapatero. Vale ahorrar la preposición: Crisis Zapatero, así, haciendo adjetivo del patronímico. Verán, midiendo la crisis por el número de parados, cuatro millones, o sea, 20% de la población activa, tenemos que un 7% son estructurales; es decir, los tuvo Aznar también. Del 13 % restante, la mitad son responsabilidad de la Crisis Financiera Mundial. La otra mitad son responsabilidad exclusiva de Zapatero. O sea que el muchacho ha cosechado, con gran empeño, un millón largo de parados. ¿Cómo lo ha hecho? Pues con gasto social improductivo. Solidario en apariencia, pero dispendioso puro en profundidad. En esto, su capataz fue el ministro Caldera: 2500 € por nacimiento, 100 por madre, 400 por alquileres de jóvenes, otros 400 por votante si ganaba. Amén de hiperprestaciones sanitarias universalizadas. Un pastón. Y no hablemos de las subvenciones que todos los ministerios apoquinan a fundaciones no ya afines al gobierno, sino creadas exclusivamente para recibir esas subvenciones. López Garrido administraba muchas de ellas. O sea, despilfarro absoluto efectuado con el dinero que el denostado ladrillo dejaba por todas partes.
La cuota de parados adscribible a la Crisis Financiera Internacional irá disminuyendo según los grandes países europeos vayan saliendo de la crisis: sus pudientes volverán a comprar casas en España, e importarán productos españoles, etc. Eso, a lo peor, le salva a Zapatero. Es muy posible que todo fructifique hacia las elecciones de 2012. Y será salvado por la campana. Es lo que espera Zp. Ni pacto, ni medidas antipopulares, ni nada. Llegar a 2012 con 3 millones de parados, atribuyendo a su esfuerzo titánico, sostenible y social, la bajada de parados.
Cierto que para batallar contra el paro de base hay que cambiar la estructura económica de España, también la territorial –que incluye solidaridad hídrica- y nueva panorámica laboral. Una estructura económica no se cambia de la noche a la mañana. O hay industrias exportadoras o no hay nueva estructura. Y eso no tiene remedio. Es una vergüenza que no haya una marca española de automóviles. ¿Qué se hizo de Barreiros y de Pegaso? Toda la parte del león de las épocas de vacas gordas de las etapas económicas boyantes se van como beneficios externos. Y, sobre todo, faltan empresarios –no negociantes-, en la misma medida que sobran liberados sindicales. Repito: estamos en la Crisis Zapatero. Vale.
Viernes, 1 de junio
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Rufino Soriano Tena