Camuñas es un pueblo de Toledo. En la Guerra Civil, gentes del bando gubernamental hicieron desaparecer allí los cadáveres de algún centenar que otro de católicos. Quienes conocemos la Historia, bien sabíamos que las atrocidades cometidas contra las personas fueron perpretadas por los dos bandos. Y, por supuesto, el bando que ganó la guerra hizo más atrocidades porque pudo seguir haciéndolas al acabar la contienda. Lo mismo hubiese pasado si el vencedor hubiera sido el bando que acabó perdiendo. Algunos imaginamos que peor. Cosas como el Gulag así me lo hacen pensar. Pero dejemos eso...
A partir del 75, la sociedad española quiso olvidar. Dejar en la memoria de cada cual lo que pasó, y que conforme se fueran yendo de este mundo quienes la sufrieron o “gozaron”, se fuera yendo del presente tan pesada carga. Y hubo consenso en ello. Y España gozó de dos décadas de nueva era. Pero llegó este ignorante presuntuoso que tenemos por presidente del gobierno, y todo cambió. Pensó que la Democracia no podía ser sino la revancha de la Guerra Civil, y se puso a hacer todo lo posible porque así fuera. Y quitó símbolos, y dispuso cambios, y logró que ascendieran las memorias personales a memorias históricas. Y pensó que al fin, por su mano, los buenos verdaderos (¡JA!) iban a ganar la guerra, 70 años después. La Transición había sido la victoria de todos. Pero a él no le bastaba: por eso está haciendo la Segunda Transición, que es continuar la Historia como si fuera el 19 de Julio de 1936, con la rebelión militar sofocada. Y decretar, en nombre de la muy excelsa II República Española, a Franco por no nacido, y a todo lo sucedido después más o menos lo mismo. Y proclamar la inocencia y pureza, la gloria democrática de aquella forma de estado, que tan triste historia tuvo de 31 al 39.
Pero, hete aquí que los hechos son tozudos. Y sale la mina de Camuñas con sus cadáveres de fusilados sin juicio, con paseíllo y con amontonamiento de muertos, al más puro estilo de los Karadzic o Pol Pot. Y el tambaliche se va al carajo. Cierto que en la guerra murieron dos republicanos por cada nacional. Pero no todos los muertos nacionales lo fueron en el frente. Muchos, checas incluidas, fueron víctimas de crímenes de Estado. Ese Estado era la República. Vale.
Viernes, 17 de febrero
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel