Onán, para quien no lo sepa, que siempre hay quien no sabe las cosas, fue un personaje bíblico, protagonista de una de esas historias que no lograron salvar el fielato de los teólogos, y fue ocultada a los infantes que cuando entonces estudiábamos Historia Sagrada. El tal Onán, cuyo nombre descubrirán en el título de la crónica, camuflado con el nombre de una Comunidad Autónoma, española naturalmente, al ser conminado a tomar como esposa a la viuda de su hermano, procedió a destacarse las calzas, para, acto seguido aplicarse una manolina de factura y resultado muy competitiva.
Lo políticamente correcto ha perpetrado su penúltima fechoría. En un tribunalillo de esos bienpensantes que hay por centroeuropa, han decidido que en Italia deben quitar los crucifijos de la aulas. Venga, más de mil año, a tirralos por la borda. Y todo porque una señora extranjera, ciudadana de la República, pero de cultura ajena, ha decidido que el Estado Italiano debe aceptar sus modas y formas en cuanto a la educación de su hijo. Hale, ya está.
Viernes, 1 de junio
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Rufino Soriano Tena