Para empezar, Cataluña es todo lo rica que puede ser porque ha sido parte de España, desde hace más de 500 años. Si hubiera sido independiente todo ese mismo tiempo, hubiera sido, económicamente un Portugal 2, con todos los respetos a los lusos. Y si hubiera sido una provincia francesa, primero, la hubiesen llamado colonia y sería para ellos como una Argelia transpirenaica, buena para vender allí los productos galos, pero no para tenerla como proveedor de nada. Si Cataluña ha podido vender sus productos, hoy en un 70%, ayer el 100%, ha sido por la inexistencia de aduanas en Vinaroz y en Lérida. Y punto. Si Cataluña hubiera sido independiente, Franco no hubiera llevado la SEAT a Barcelona, sino a Madrid. O la industria textil de Béjar hubiera abastecido a España entera. Fue una decisión centralista la que decidió que los paños, de Sabadell. Y así un etcétera muy largo.
Por tanto, haber sido y seguir siendo clientes obligados de Cataluña durante centurias, nos hace al resto de España derechohabientes a la riqueza que allí se cobra, no que allí se produce. Y si no, probamos con aduanas interiores. Sí, sí España vende mucho en Cataluña, pero al revés es más, mucho más.
Entendería que Cataluña reclamase estar en la media de atribución de reparto autonómico, pero nunca por encima, pues ya producir lo que consumimos deja bastante riqueza por sí mismo.
Pero, con todo, yo abogo por el referéndum de independencia, para, de una vez por todas, o bien dejar zanjado el asunto, o bien poder sacar a relucir ante ellos el arma del mercado que los españoles somos y que les hace ricos, y que la malhadada corrección política impide enarbolar en esta situación de ser el mismo Estado. Hay que enfrentar a Cataluña con su contradicción esencial de despreciar a los territorios y gentes que le causan su riqueza. ¡Ya está bien!
Y, dicho esto, hay que acabar también con la situación, de normalidad socialista de libro, existente en Andalucía y Extremadura, consistente en vivir en buena parte del subsidio, la subvención y del reparto al que aportan, como costumbre, mucho menos de lo que se llevan. Y eso hay que hacerlo con un plazo inexorable, más allá del cual, no habrá continuidad en la inveterada puesta de mano abierta para recibir la sopa boba.
Nacionalcatalanofobia declarada, sí señor. A mucha honra. Vale.
Viernes, 17 de febrero
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla