Primero, la Real Academia Española de la Lengua no es un órgano que decide sobre el idioma. Sus acuerdos no son leyes. Hasta hace poco, para ser ministro había que saber esto. Segundo, no todas las vocales finales son morfema de género. En el caso específico de miembro, mano, asombro, tiento, y otras, es simplemente un formante final que se añade a la raíz cuando termina en consonante. Así las cosas, confundir que la o de miembro es género masculino es estar equivocado, tan equivocado como confundir a la Academia con el dueño del idioma. O la dueña, perdón. La Academia detecta si una palabra o un uso de palabra se ha impuesto lo suficiente en la población, y confirma entonces a la palabra como introducida en el idioma. No pone ella, la Academia, a las palabras que quiere. Mano es una palabra femenina a pesar de su o final porque esta o no es morfema de género. Lo mismo ocurre con la a de periodista. No indican género. Son vocales de apoyo para evitar la pronunciación, poco cara al español, de una consonante final. Hay que saber cuándo una o –o una a- son vocales de apoyo y cuándo son morfemas de género.
Pero lo que muchas ministras suelen ignorar –si hay ministros que también lo ignoran no lo sabemos, pues callan- es que las palabras tienen género, no sexo. Los animales tienen patas, no piernas. Y todo el mundo sabe eso. Llamar género a lo que distingue la distinta función en la reproducción humana es insultar a la especie humana. Igual que las personas no tenemos patas, tampoco tenemos género. Tenemos sexo. Todos.
Hale, a estudiar, Binianita. Vale.
Sábado, 18 de febrero
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel