Lo primero que tienen que hacer los primeros firmantes del manifiesto para la defensa del castellano es llamar a este idioma por su nombre, que no es otro que español.
Cuando la aqueas naves, camino de Troya para rescatar a Helena y vengar el honor de Agamenón, intentaron salir de Áulide –una isla en la ruta del Ponto-, el viento calmó, sin dar muestras, en largas jornadas, de soplar en dirección alguna que permitiera salir del puerto a la negra flota.
Primero, la Real Academia Española de la Lengua no es un órgano que decide sobre el idioma. Sus acuerdos no son leyes. Hasta hace poco, para ser ministro había que saber esto. Segundo, no todas las vocales finales son morfema de género. En el caso específico de miembro, mano, asombro, tiento, y otras, es simplemente un formante final que se añade a la raíz cuando termina en consonante.
Viernes, 1 de junio
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Rufino Soriano Tena