Ampararse en la inercia histórica o legal para negar las autodeterminaciones dentro de España es equivocarse. La Historia tiene curvas y cambios de dirección. Uno de ellos es éste que vivimos ahora. Con el número crítico de ciudadanos que ya no siente España en esos territorios, es imposible evitarlo. Se podrá aplazar, pero no evitarlo. Lo que hay, y es mi opinión, es que ganarlo. Ese es el reto, no impedir que se celebre.
Ahora bien, la autodeterminación requiere la única condición que ya se ha dado en Québec y Checoslovaquia. El primero lo perdieron los independentistas, y el segundo lo ganaron. Pero en ambos existía un clima de normalización democrática que no se da en el País Vasco. Sí se da en Cataluña y Galicia. A mí no me daría miedo. Quiero decir que estoy seguro de que España ganaría en ambos casos. Pero, ojo, no ganaría sin hacer nada para ganar. Cataluña tiene nuestro mercado. Hay que jugar esa baza. Si va a ser otro país, hay que echar cuentas: mercados equilibrados. Y hay que exigir a la OTAN que exija a su vez, a Cataluña, un ejército con el que colaborar en las misiones de paz. Y no es posible estar en Europa, y no en la OTAN. Que lo sepan. Y hay que exigir, como en Montenegro, un 55% de votos para el ganador, y un mínimo de participación. No es pensable separarse por un 30% de censados, frente a un 70% de abstenciones, que se traduce en población, en cerca del 80%.
Y en cuanto al País Vasco, que vuelvan los exiliados. Y también, que por causa de la autodeterminación no haya saldos pendientes con la Justicia. Lo cual nos lleva, por lo menos, a 12 años. Vale.
Viernes, 17 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel