El cónyuge A llega a la casa común, compartida con el cónyuge B, y encuentra a éste en la cama con otra persona, en desnudez ambas personas.
-¡Cónyuge traidor! ¿Qué hace esa persona contigo en la cama, desnuda?
Levantándose deprisa y cubriéndose con la sábana, el cónyuge aludido exclama:
-¡No es lo que parece, no es lo que parece! Tengo una explicación, tengo una explicación…
Entre tanto, la persona tercera ha hecho mutis por el foro, con una sonrisa enorme.
-Mira, cónyuge sorprendido e inesperadamente regresado: esa persona que crees haber visto no existe. Es una imaginación tuya.
En esto, se oye un portazo, propinado con mucha probabilidad por la persona tercera, en lecho sorprendida. El cónyuge supuestamente traidor prosigue:
-Es una solución puntual a un problema de sequía transitorio. En realidad, se trata de un excedente de sobrante de acumulado de garambainas circumflejas de la coyuntura hídrica, a la que únicamente la encanallada oposición retrógrada puede llamar trasvase, que diga traición o córnea imposición.
¿Lo entienden? Pues eso, únicamente los comulgantes con ruedas de molino pueden creerse que no es lo que parece y que no se trata de un trasvase. Me refiero a la tubería que va a llevar agua a Barcelona desde el delta del Ebro. Se trata de una obra de evidente necesidad, y de lógica natural. Evitar llamarla trasvase es de un cinismo parangonable con la clásica frase de vodevil que abre esta crónica. Patético es oír a la ministra Espinosa:
-No es lo que parece, no es lo que parece…
Mientras Montilla da el portazo, fuera de escena descrito arriba. Vale.
Lunes, 13 de febrero
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Antonio Cabrera
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Javier Vicente Gil
Raúl González Zorrilla
Toni García Arias
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Miguel Torres Galera
Francisco Rubiales
Enrique Zubiaga