Siempre me parecieron presuntuosas en demasía todas esas parafernalias de la Jusiticia. Y no sé si escribir la palabra con minúscula inicial. Me refiero a las togas, puñetas en las mangas, y no sé qué más antiguallas al uso. Menos mal que en España no les dio por las pelucas. Como en el mundo sajón. Ocurre que siempre me pareció algo así como un desprecio al resto de profesiones. Yo soy tan importante, que necesito estas cosas para que todos me sintáis superior. O sea, la Justicia, y luego todo lo demás. Oiga, pues no. Todos somos necesarios. Uniformes para segregar elites, no. Ni siquiera para los jueces y abogados.
Sé de buena fuente que hay voces que piden cese esta, a mi parecer, ridícula costumbre heredada. Voces desde los mismos adentros del mundo judicial. O de la abogacía, por lo menos. En mi modesta opinión, hora es de acabar ya con esa formalidad improcedente. La Justicia no es pilar más importante para la sociedad que la Medicina, la Educación o Correos. Un poco de humildad, señores jueces.
Y ocurre, no me digan que no, que la Justicia en España está en horas muy bajas. No me voy a privar de recordar los ejemplos: un pederasta asesino, convicto, suelto. Una fianza ridícula, en relación a lo robado para Roca. Una huelga justa de los funcionarios, que nadie se atreve a atajar. Unas órdenes de alejamiento que no se cumplen y nadie hace cumplir. Y así, hasta que queramos.
Un poco de humildad, señores de la Justicia. Basta con vestirse formalmente, como en el resto de profesiones. Dejen de considerarse superiores, que no lo son. Bajen a la realidad. Vale
Viernes, 17 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel