Hablo del atril de los mítines del Partido Socialista. Es una Z; naturalmente, es la inicial de Zapatero; el segundo apellido del Presidente del Gobierno. Bien, si esto no es culto a la personalidad, nada en el mundo lo es. El palio de Franco es lo más análogo que encuentro yo a este suceso insólito en toda la historia del partido. Quien se engañe a sí mismo creyendo que se trata de simple marketing electoral está, eso, engañándose a sí mismo. Ningún partido está más obligado a deshacerse de esas señas de identidad personalista que el Partido Socialista. No tanto por huir de experiencias nefastas en el pasado de las ideologías colectivistas, como por vergüenza propia. Si han descubierto que la marca Z vende, es porque han llegado a personalizar el mensaje de su ideología. Y no hay nada más ajeno al Socialismo que la personalización del mensaje de igualitarismo.
Me da vergüenza ajena ver ese atril. Y me da pena comprobar que a nadie sonroja en las filas de la Izquierda. Desde luego, ningún otro partido hace algo parecido. Lo interpreto como un signo más de la desorientación del socialismo español respecto de su verdadera misión de redimir a la sociedad de siglos de postración. La compra de votos en Andalucía, que adormece la iniciativa de un pueblo eminentemente creador y creativo, la negación de estatalizar a las aguas nacionales, los estatutos insolidarios, que obligan a unos cuantos siglos más de postración económica a las autonomías sin tejido industrial, la generalización de subisidios, que engorda la inflación y discrimina. Todo ve su cenit en esa infame Z atrilizada, que es un monumento a la soberbia, disfrazada de marketing necesario. Vale.
Viernes, 1 de junio
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Rufino Soriano Tena