La corrupción es fenómeno humano. No se encuentra adscrito a partido político alguno, ni a ideología. Es de las personas. De Totana a Los Alcázares se encuentra toda la bolica del mundo. Por eso, ningún partido debería aprovechar para desprestigiar a otro a costa de la corrupción. Ninguna ideología, ni, tampoco, ninguna religión garantizan a nadie estar a salvo de una tentación invencible.
Así las cosas, convendría recapacitar acerca de si se encuentran bien acondicionadas las defensas estructurales anticorrupción, para, si no prevenirlas, sí detectar a tiempo sus síntomas. Lo primero es revisar las capacidades urbanísticas de los ayuntamientos pequeños. ¿No se debería de compartir competencias en esos casos con otras instancias regionales y estatales?
Lo segundo es la formación interna de los militantes en los partidos. En muchos pueblos hay concejales del partido A porque fueron los primeros que llamaron a la puerta. Y allá que se va el llamado, sin saber si su filosofía de vida, que la tiene, es acorde con la ideología de dicho partido A. Luego, nadie le explica qué decisión en el problema x es de izquierdas o es de derechas. Con esa confusión, todo es posible.
Lo tercero, en España hay un vacío poblacional histórico. La tecnología ha resuelto todos los problemas de inhabitabilidad antaño insolubles: frío, agua, comunicaciones de montaña… Por lógica histórica, hay desplazamiento migratorio hacia la península. Hay que construir. Y esto choca con la siembra de terrenos inedificables que hubo en los 70 y 80. La finalidad de esta siembra era evitar el desarrollo, mediante la deificación de la ecología al servicio de la política de izquierdas: subsidio si, prosperidad no. La tentación corruptora, execrable, subvierte esta antinatural siembra. Vale.
Viernes, 17 de febrero
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla