Santiablog Delgado

Marruecos y nosotros

03.11.07 | 20:52. Archivado en Exteriores
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Dice una frase de esas así, tan brillantes, que España y Marruecos están condenados a entenderse. Pues no. Marruecos y España están condenados a ser vecinos. Sin más. Ya está. No nos gustamos nada, el uno al otro. Ni a entenderse ni a no entenderse. No es una bendición, ni para Marruecos ni para España que la geografía los haya puesto juntos. Es eso, una condena. Para Marruecos, construido mucho después de que Ceuta y Melilla fuesen castellanos primero y españoles después, es una afrenta que dichos territorios sean de soberanía española.
Para España, Marruecos es ese país explotado miserablemente por su monarquía, incapaz de despegar económicamente por la falta de libertad en su más amplio y diversificado sentido: económica, de expresión, de religión, etc. Y que, encima piensa que la mitad de España le pertenece, basada en un pretérito musulmán, que no marroquí, quinientos años atrás.

En medio de esta condena, se da a conocer por parte del Gobierno que Los Reyes de España van a ir de visita a las dos ciudades africanas y archiespañolas. Y, naturalmente, la casa real marroquí va y se enfada. Piensa que la no presencia, en seis lustros de los monarcas españoles en aquellas ciudades era un aval de la marroquinidad de los dos enclaves.

Quede claro que la visita es un plan del Gobierno Zapatero; no es, no puede ser, una iniciativa de la Casa Real. Así las cosas, cabe preguntarse por qué decide ahora el Gobierno Socialista esa visita, tan nacionalistamente española. Pues por eso mismo, por su españolidad. La decisión se enmarca en el proceso de españolización aparente, electoralista del gobierno de Zp. desde que se rompieran las negociaciones con la eta. Es un utilizar al Rey como arma electoral. La explosión de españolidad que va a tener lugar en ambas ciudades, y por simpatía en el resto de España, se irá, piensan en el PSOE, a vivir al haber de Zp. Un buen puñado de votos no encontrarán pecado de patriotismo alguno en el partido de Pepiño Blanco a la hora de ir a votar. Es una jugada muy bien pensada. Ya encontrarán modos, si no los han encontrado ya, de contentar al sátrapa de Rabat. Se trata, pues, de integrar a la monarquía en la campaña electoral del gobierno. Vale.


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