Un Premio Nobel, acaso en breve ex Premio Nobel, ha dicho que los seres humanos de raza negra son inferiores en inteligencia. A cierta edad, las neuronas patinan. Algunos deberían saber callarse a tiempo. Es un genetista, encima, uno de los que más esclareció las bases genéticas en el ADN, la madre del cordero en la herencia humana.
Los prejuicios afloran, a pesar de la formación científica, basada en la distinción de la certeza, la duda y el error. Una afirmación así es, como mucho, duda. Y un universitario debe suspender el juicio, si llega a ese aspecto del discurso científico. Pero, es que, además, el aparato empírico que habría que montar para poder pasar de duda a certeza esa desafortunada afirmación del mal científico, es de tal calibre que hace sea ridículo el intento.
La afirmación de que sólo hay una raza humana es de tipo moral, ético. Es supracientífica. Quizá haya más hombres blancos inteligentes, pero eso no prueba nada. Tampoco prueba nada que hay más hombres negros atletas. Ambas especializaciones no se deben a rasgo genético alguno, sino a la Historia, muy determinada por el medio. A una hostilidad media, el ser humano responde con el desarrollo. Es lo que pasó en Europa. La Corriente del Golfo hizo un continente templado. En África, la ortogonalidad de los rayos del sol mediatiza un ambiente extremadamente hostil, que retarda el desarrollo. Un caso diferente lo tenemos en las paradisíacas islas del Pacífico, donde un clima absolutamente benigno provocó, asimismo, la parquedad de desarrollo, de aquellos pueblos. El hombre blanco, caucásico, tuvo la suerte de quedarse con el continente más favorable. Eso es todo. Conforme más familias africanas vayan incoporándose al desarrollo, irán naciendo vástagos con la misma proporción de inteligencia que la media asignable al ser humano.
Es el mismo efecto que, en Europa, las familias desfavorecidas nutren con más porcentaje el fracaso escolar. Pero eso no las hace inferiores genéticamente. Es cuestión de nivelación social. Lo mismo, también, sucede a nivel planetario. Lástima de este pobre hombre al que sus prejuicios arrinconaron su formación científica. Acaso, pensamos, le faltó formación humanística.
Espero leer, en breve, que le han desposeído de su Premio Nobel, como la atleta estadounidense dopada, que ha devuelto sus tramposas medallas de Sydney. Vale.
Viernes, 17 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel