Siempre me pareció falsa esa risa de nuestro monarca, contando el chiste fácil, esperando sea reído por la compañía circunstante que lo cerca en ocasiones públicas. Como siempre me pareció mal ese tuteo que emplea con todos, los conozca o no. Tuteo que es impensable sea correspondido por nadie. Me pareció siempre una manera artificial, incluso artificiosa, de labrarse una fama de ocurrente e ingenioso, aprovechando el respeto debido y casi reverencia de los ciudadanos que se hallan en las ocasiones que digo. Echo de menos una indicación de sinceridad en las palabras y el gesto. Acaso pienso que él piense que si no hace eso pase por taciturno y amargado. Y, acaso, pienso yo, más valga eso que pasar por vivalavirgen o por frívolo.
No es la primera vez que la falta de alerta en lo que dice hace saltar de júbilo a algunos, precisamente quienes más celebrarían la nueva república, y obliga a morderse los labios a otros, precisamente los favorables a la monarquía. Porque sucede que si en los principios de la Transición fue su persona quien prestigió la institución monárquica, ahora parece que la cosa es más bien al revés. No caen bien sus cacerías, lejos de su familia y de su país. Y empiezan a caer mal sus decires. Ya debería de haber escarmentado en cabeza ajena cuando el sucedido de la Princesa de Asturias con el cantante progre Sabina, que traicionó la confianza de los príncipes contando intimidades verbales. Pero no, no escarmentó en cabeza ajena o no tan ajena.
Lo último, que tampoco es lo primero, en las equivocaciones del rey, es alabar la foto de la firma del acuerdo de gobierno en el Ulster. Sea o no lo que haya querido decir, lo cierto es que hay una interpretación de sus palabras favorable al llamado proceso de paz del actual gobierno español. Esa posible interpretación debió ser suficiente para que permaneciera callado sobre el tema. Pero no, él no puede desaprovechar la ocasión de decir algo pretendidamente ingenioso, y dispara su boca como su rifle contra el oso. No cuenta nada que a continuación dijera que no hay paralelismos entre España e Irlanda del Norte. Eso ya no lo recogen ni en el PSOE ni en el PNV. Y es lo más importante. Ambas partes firmantes, republicanos y unionistas, reconocen la soberanía británica sobre el territorio. Jamás, jamás, la izquierda abertzale va a considerar válida la soberanía española sobre el País Vasco. Toda concesión de dicha izquierda abertzale es y será siempre transitoria. Siempre. Hasta la independencia. Pero es que, además, una vez lograda dicha independencia, irán al asalto del poder, aterrorizando al PNV y al PSE. Por tanto, alabar la foto, poniéndola como deseable en España es un desatino mayúsculo. Y la equivocación es equivocación siempre, la diga Agamenón o su porquero; la diga el rey o la diga Otegui. Vale.
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