Ideología y Estado
09.03.07 @ 23:16:49. Archivado en Gobierno
El mal que ha acabado con la envidiable madurez de la democracia española ha sido el de siempre: la parte que coge el poder cree que ya puede hacer lo que le dé la gana.
Es decir, llevar a cabo el máximum de sus propuestas de partido. Lo hizo Aznar, con la Guerra de Iraq. Y lo ha hecho Zapatero, aún peor, cediendo a todas las pretensiones de los egoísmos periféricos, incluido el chantaje. España no está en su ideario, y, por tanto, le es igual que se quede con el culo al aire. Su horizonte es republicano y confederal, por lo tanto, cualquier estadio diferente a tal perspectiva tiene que ser forzosamente transitorio. Aznar tuvo a un clamoroso ochentaytantos por ciento la población en contra de aquella guerra, que, encima, no supo vender como lo que era: asistir después de la ofensiva, en misiones de postguerra. Otros once países europeos cooperaron, y aún mantienen allí tropa, pero ninguno fue a hacerse la foto a las Azores. Perdió la noción de Estado. A Zp le pasa igual. Un solo voto más en las urnas, y ya cree que se puede llevar la nave del Estado a donde quiera; en este caso al desguace.
En los países maduros, hay cosas que no se tocan. La política exterior, por ejemplo. Ahora es la traición al Polisario, cuando no a los españoles todos mismamente, dando su rueda de prensa en Marruecos, delante del mapa de la Marcha Verde que incluye como territorio marroquí a Ceuta, Melilla, Canarias, y con una leyenda en árabe que habla de la gesta marroquí frente al colonialista español. Es como si el gobierno de Madrid pusiese los micrófonos a un estadista árabe con la rendición de Granada de fondo. O a un Santiago Matamoros. Pero a él le da igual. Si eso molesta a la derecha, es bueno para la izquierda, que es una de sus consignas. O más bien mantras. El Estado es mío, aún más fuerte que el Estado soy yo. Y los aduladores de al lado, calladitos. Lo mismo que con Aznar. Desde el Conde-Duque de Olivares, los mandamases españoles se rodean únicamente de quienes no van a llevarles la contraria nunca.
Es el vértigo del poder. Los votos me han dado la infalibilidad. La verdad es la mayoría, que ha dicho este desdichado de Zp, que sí tiene tiempo, por cierto, para comprarse un chalet de setenta y cinco millones de pesetas, mientras van a ir a la calle no sé cuántosmil trabajadores de la General Motors en Cádiz. Y los mileuristas de toda España ven volar cien euros más al mes en su hipoteca, que habrán de pagar los hijos que no piensan tener. Es lo que da de sí, una mente que se autoprohíbe revisar sus conocimientos históricos más allá del 31, cuando aquella votación fraudulenta impuso, contra la voluntad popular, la república. Vale.
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Lástima del autorretrato que se hace usted mismo, Bermejo, al insultarme.
Saludos.
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Santiago Delgado Martínez
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