Parece ser que la cantinela de que la Magdalena vino a Francia, con Jesús de Nazareth de consorte, no ha pegado lo suficiente en el mundo creyente, y han variado de discurso. Resulta que no, que no es que Jesús afincó en La Provenza de vinatero o así, y engendró al primer merovingio, del cual descienden todos los reyes occidentales. No ha habido suficientes apostasías, y cambian el discurso. Ahora dicen que han descubierto un panteón en Jerusalén, y allí están todos, María, Magdalena, Jesús y el hijo de ambos, Judah. Incluso tienen los sarcófagos. Si no nos lo creemos es que tenemos mala fe. Con su documental, sus pruebas y toda la pesca. Se acabó la Semana Santa y la Navidad. Nos retrotraemos a los paganos tiempos de Julio César. Todos felices, sin la impronta judía en nuestra cultura. Hale, a creérselo. Al que no lo crea, carnet de antilaico y enemigo el pueblo. Le cobran al contado la hipoteca y no sé qué más. La moderna ciencia cinematográfica ya ha descubierto la verdad. Beda el Venerable, San Isidoro, San Jerónimo, Santa Teresa, San Juan de la Cruz y todos los otros desaparecerán de las enciclopedias.
Como, a pesar de todo, seguirá habiendo incrédulos de la buena nueva, yo colaboro, y proporciono algunas otras ideas para acabar de convencer a los recalcitrantes.
Primera idea: se ha encontrado en unas ruinas arqueológicas de Haifa una factura, en pergamino, de los peces de la multiplicación de los panes y los peces, falso milagro del Galileo. O sea, que el Nazareno compró la pesca del día de los pescadores, e hizo pasar por milagro lo que no era sino transacción comercial. Se espera, luego de repasar los yacimientos de panificadoras de Jerusalén, encontrar la factura correspondiente a los bollos de pan, firmada por algún testaferro.
Segunda idea: hay un testimonio, escrito en griego, la lengua culta de Oriente, en el que Yoshua, un potentado narra la cena de su jubilación, legando en su hijo sus negocios de import-export. Todos los pormenores apuntan a que fue ésa y no otra, la Última Cena de Jesucristo, ya que se acompaña el contrato de alquiler del cenáculo, justamente situado por donde actualmente se venera el sagrado recuerdo. No fue Jesús quien cenó aquella noche allí. Fue alguien llamado igual, que reunió a sus agentes de todo Oriente y Occidente, para celebrar la ocasión. Casualmente, eran doce también.
Tercera idea: un bibliófilo de Damasco asegura tener el parte de alta del correspondiente ambulatorio de Lázaro, hermano de Marta y María, que firman como enteradas. Sin duda que es el mismo al que el hijo de María aseguraba haber resucitado. Acontece que figuran tres días como internado en el tal ambulatorio. Una casa de subastas de Londres ha ofrecido mil millones de dólares por la posesión de tal alta médica. No hubo milagro de resurrección alguno.
Y así, sucesivamente. Vale.
Sábado, 18 de febrero
Avelino Vallina
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales