Veo y oigo al Dr. Guillén, en la tele, decir que la lesión del argentino Maxi Rodríguez, en el encuentro Argentina-España, el pasado miércoles en la Nueva Condomina, no es culpa del césped del nuevo campo de fútbol, sino del propio jugador. Servidor, modestamente, pensaba la mismo, pero temía proclamarlo debido a su impreparación en cuestiones médicas. Pero, ahora, viendo lo que dice el más sabio de los sabios que del tema conocen, me sumo a la causa, aportando mi granito de arena, siempre detrás del Maestro.
Un día de finales de Enero de algún año medio de los 80, servidor tuvo la misma lesión: rotura del ligamento cruzado interno de la rodilla izquierda. Quince días de hospitalización, más tres meses de baja. Ocurrió en el partido profesores-alumnos de Santo Tomás. Se jugaba en pabellón cubierto, en pista dura, de cemento. Cubriendo al extremo, al intentar éste avanzar, giré para taparlo. Mi rodilla sí hizo el giro ordenado por el cerebro. El tobillo, no. Quedó anclado en el suelo, como demostración del poco ejercicio que yo hacía entonces. No coordinaba mis músculos. Resultado de la descoordinación, la cintita de nervio que es el antedicho ligamento, saltó, rota, desecha. El tobillo gobernó desde el pie, fijado al suelo ya digo, hasta los primeros confines de la rodilla, que sí obedecía al cerebro. Resultado: Rodilla 0 – Tobillo 1. Ligamento kaputt.
Luego supe de otras lesiones idénticas. Y siempre era por lo contrario de un césped blando, sin sujetar. Si lo mío había sido por descoordinación, las sucesivas lesiones que me llamaban la atención, lo eran por jugar en campos de hierba seca, con las raíces aéreas del césped secas y duras, que agarraban los tacos de las botas de los jugadores. A Maxi Rodríguez le pasó lo que a mí, separación de órdenes mentales para tobillo y rodilla. En su caso, quizá por querer anticipar un movimiento sin haber terminado el anterior. Como cuando se quiere centrar y a última hora se quiere disparar a puerta, y te sale un híbrido churro. Igual. Descoordinación mente-músculo en mi caso, anticipación temeraria de movimientos incompatibles en el caso de Maxi.
En todo caso, el césped queda absuelto. Añade el Dr. Guillén que ese césped podría haber provocado siete u ocho esguinces de tobillo, causados por lo resbaladizo del verde suelo, resbalamiento que hace que todo el peso del cuerpo recaiga sobre el tobillo doblado, induciendo irreparable deterioro en su misión motora. Pero no rotura del ligamento cruzado interno.
Ahora bien, el hecho de que el césped no fuera responsable de la lesión de Maxi, no lo absuelve de la pena de no ser apto para jugar ese partido tan importante por causas ajenas a la competición oficial. Se debió de haber plantado antes, y si no se podía, haber esperado a inaugurarlo en fecha más tardía. Vale.
Sábado, 18 de febrero
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales
Carlos Ruiz Miguel