Estoy leyendo la última novela publicada de Pío Baroja. Se titual Miserias de la Guerra. Y no es una novela. Son las impresiones acerca de toda la vida política de la república. Y es tremendo. Nada de la visión idealista que nos presentan la películas con Fernando Fernán Gómez haciendo de maestro krausista, admirador de la Institución Libre de Enseñnaza, rodeado de chicos ávidos por primera vez desde la prehistoria, de aprender y ser felices y benéficos. No. nada de eso. Todo era bandolerismo de una parte y de otra, coches de la falange pegando tiros, sí. Pero también partidas de la porra socialistas imponiendo doctrina.
Apenas he leído un tercio de la novela, pero ya he leído un par de frases lapidarias. De esas frases que me hacen ver que poca verdad hay en las consignas de los partidos políticos, poca. La única sabiduría se halla en las voces independientes. Les brindo la primera frase. Está referida a un político que no se nombra: Dice así. No sabía nada de nada, pero ello le daba gran seguridad. Genial. Pareciera alusión a un conocido político de nuestro tiempo, gran prohombre de antonomásico talante, que quería aprender toda la Economía necesaria para gobernar en un par de tardes. O aquel otro, ¿o será el mismo?, que analogaba una muerte de militar por fusilamiento en tiempos de guerra, con la víctima de un acto de terrorismo moderno. La verdad es que la frase, bien mirada, es una perogrullada. No es sino el envés de aquella que afirma que la duda es la madre de la ciencia. Si no hay duda, hay fascismo. El homínido comienza a ser humano cuando le entran las dudas sobre el conocimiento del entorno. El ignorante de su propia ignorancia es el prototipo de la seguridad en sí mismo.
La segunda frase reza de la forma siguiente: Comunistas y fascistas descubrieron que a la gente se la puede tratar como a manadas. Exacto. Ambas religiones políticas creen que la masa es el sujeto de la política, y no el humano individual, a solas considerado. El individualismo les entorpece sus planes para perpetuarse en el poder. El paso de la oca, o los saludos característicos de puño en alto o palma abierta, los usos lingüísticos propios como camarada, plan quinquenal o de desarrollo, etc, son, exactamente, formas de desprecio al individuo.
La verdad es que como novela no funciona. Pero eso a Baroja le daba igual. Apenas una ligera trama del caballero inglés de raíces españolas, que observa y anota los desastres republicanos uno a uno, en aquel Madrid de pistolas y consignas políticas. Baroja condena la república, sin paliativos. Da cuenta de una república sojuzgada por los revolucionarios, que la miraban únicamente como enojoso trámite hacia la anarquía unos, hacia el soviet otros. Vale.
Viernes, 17 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel