Editorial San Pablo

Un libro útil y esclarecedor para los padres en su irrenunciable derecho y deber de educar a sus hijos

30.12.10 | 09:42. Archivado en Libros
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(Basilio Mateos Bermejo, Revista Agustiniana). Inteligencia emocional tiene como destinatario a todas las familias, pues en el trato diario deberán encontrar la riqueza mutua, la complementación, el enriquecimiento de sus hijos, especialmente en período educativo. Pero especialmente dirigido a aquellas familias sometidas a situaciones a las que no saben cómo enfrentarse y que con toda seguridad soñaron con una convivencia fundada en el amor y, sin embargo, no ven el momento de demostrarlo con una caricia o un beso. Es mucho una caricia o un beso, pero no lo es todo, las cosas son más complejas. Por eso, a lo largo del libro irán encontrando elementos, datos, consejos, estrategias, etc., para complementar esas caricias y besos.
Comienza el libro con el análisis de la situación de las familias, de la sociedad y de la educación. Nada mejor que saber cómo están las cosas, de qué partimos. Beatriz Serrano Garrido concluye con lucidez: «La situación es complicada (en el cap. 2, se citan muchos casos que puedes ser esclarecedores), pues el entorno que rodea a nuestro hijo es hostil. Sin embargo, nosotros, como padres, debemos tener conciencia de que no podemos esperar a que los gobiernos que continuamente se suceden y, con ellos, sus leyes educativas, solucionen el problema. O que el profesor que le toque a nuestro hijo sea el idóneo para transmitirle lo que a mí me resulta tan complicado. O seguir la inercia pensando que las cosas cambiarán por sí solas. Debemos implicarnos directamente sin demora».
En el cap. 3 (pp. 53-98), la autora estudia «la inteligencia emocional», términos y aspectos que no siempre las familias y los profesores dominan. Es cierto que el término es cada vez más común en revistas de educación, planes de estudio, libros de autoayuda, pero se hace necesario una buena explicación y elementos implicados y tomar conciencia de aquellos aspectos de nuestra personalidad que nos impiden un estado de bienestar emocional.
A la hora de iniciar la proyección educativa familiar, bien estará que la pareja conozca un poco su propio perfil de personalidad y el proyecto educativo: el modo con el que los padres educan a sus hijos responde a tres modelos de educación: autoritario, permisivo y dialogante (pp. 99-121).
Finalmente, en el cap. 5: «educar con inteligencia emocional». Inicialmente se parte de las causas por las cuales suele fracasar la convivencia en los hogares actuales. En no pocas ocasiones el modo de expresar lo que sienten los hijos entra en conflicto con nuestro esquema de valores; entonces, al menos, «prestemos atención a su lenguaje emocional intuyendo, en el fondo, lo que demandan realmente y con autocontrol, empatía y las habilidades sociales, intentemos satisfacer sus necesidades y no olvidar que los frutos se recogen al final de la temporada y esta, si no ha habido inclemencias temporales, finaliza a partir de los dieciocho años».
Ni que decir tiene que el presente libro será muy útil y esclarecedor para los padres en su irrenunciable derecho y deber de educar a sus hijos. Por temática no es menos recomendable a los educadores y profesores en su nada fácil tarea educativa.

Basilio Mateos Bermejo
Revista Agustiniana 51/156 (septiembre-diciembre de 2010) 622-623.


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