(Mª Ángeles Gómez-Limón, en Sal Terrae). G. Danneels, el arzobispo de Malinas y cardenal, teólogo y pastor probado, nos regala ahora con esta reflexión sobre el contenido del verbo Esperar para los hombres y mujeres de hoy, que, tal y como reza el título, hemos de habérnoslas con una «sociedad deprimida». Nos encontramos ante un folleto de pocas –y pequeñas– páginas que condensan, sin embargo, una reflexión de hondo calado sobre una actitud básica en la existencia humana, tanto a nivel personal como social. Las características de la obra permiten sólo un escueto tratamiento, pero el autor demuestra la habilidad suficiente para decir más en lo que apunta que en lo que desarrolla: frases cortas sirven a cada paso para sujetarnos al silencio, a la reflexión, al examen, al análisis social e incluso la meditación. Pocos autores lo logran, y encontrarlos supone un gran hallazgo.
El libro comienza afirmando que, en nuestro tiempo, «la esperanza es realmente como una “niña” que tiene problemas de crecimiento» (p. 7) y a la que difícilmente se da respuesta con facilidad (pp. 8ss). A continuación, el cardenal Danneels desarrolla su reflexión recurriendo a una distribución en cinco breves capítulos: El paisaje, donde plantea el problema y describe los rasgos que revelan nuestra sociedad depresiva o desesperanzada. Fuegos fatuos es la expresión con la que, en el segundo apartado, señala los caminos recorridos para salir deprisa de tantos modos de sinsentido (fármacos, drogas, alcohol, compensaciones corporales, sectas, sueños...).
En Caminar al paso decidido de la esperanza, capítulo tercero, sitúa la esperanza en el horizonte bíblico, auténtica «escuela de esperanza», presentándose a un Dios de la promesas que promete cosas, pero siempre hay un más que insta a la persona a vivir en confianza y a aprender a permanecer. Patriarcas y profetas se erigen en testigos de la esperanza sostenida contra toda esperanza y que culmina en la resurrección de Jesucristo.
Sugerencias para el recorrido indica, a continuación, en qué consiste lo que podríamos llamar la «praxis» de la esperanza, los componentes de una «espiritualidad de la esperanza» que articula en la relación dinámica entre la fe-fidelidad y la caridad-solidaridad.
Por último, en Un libro para consolar en tiempos difíciles el cardenal Danneels invita, como Jesús, como la Sagrada Escritura, a vivir esperanzados aun en el –¿inevitable?– entorno de sufrimiento y «persecución». Para ello ofrece –con sabiduría– unas claves de lectura para acercarse al libro del Apocalipsis, «vademecum ideal para tiempos de depresión» (p. 58), centrándose en la imagen del «frágil Cordero» (cf p. 62) y en los oráculos a las Siete Iglesias que, como se especifica, «siguen existiendo» (cf. p. 71). Concluye el capítulo, y la obra, apuntando al mártir como el «icono de la esperanza», aquel que refleja la luz de la esperanza, con lo que, en cierto modo, se cierra circularmente una obra que abría su primera página con Ef 1,18: «Que ilumine los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza de su llamada».
Mª Ángeles Gómez-Limón
Sal Terrae 98 (diciembre de 2010) 1001-1002.
Sábado, 2 de junio
Editorial San Pablo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató| Junio 2012 | ||||||
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