Editorial San Pablo

Un análisis de la existencia del dolor en el género humano y su relación con la religión y Dios

28.11.10 | 09:30. Archivado en Libros
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(Ángel Gómez Escorial, en Betania.es). El tema de la consolación es citado por el Papa Benedicto en su libro de conversaciones, recientemente publicado. Ya lo había hecho el Pontífice profusamente en su encíclica Spe salvi. Pero, desde luego no es demasiado frecuente oír hablar de ello. Por eso resulta interesante y atractivo el libro que reseñamos hoy –Consolad, consolad a mi pueblo– y que acaba lanzar la editorial San Pablo. Su autor, Carlos Marcelo Barvarino descubre –o al menos nos descubre a nosotros– la importancia del Libro de la Consolación de Isaías que se abre en el capitulo 40 del Libro del profeta. Y hay otra pieza que Barvarino cita y explica y que no es otra que La Consolación de la Filosofía, de Boecio, autor del siglo VI.
Carlos Marcelo Barvarino, a su vez, defendía el 25 de julio de 2009, ante el profesor don Jesús García Rojo tu tesis de Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y que se tituló: Teología de la Consolación. Una nueva categoría teológica. Y se quiera o no, este sacerdote nacido en Tucumán, Argentina, y con sus estudios realizados en España, se convierte en uno de los grandes expertos en la consolación religiosa, en la teología de la consolación, que no es por supuesto lo mismo que la filosofía de la consolación lanzada por Boecio en el siglo VI.
La pregunta ahora es: ¿qué es la consolación? Y que no es otra cosa que el ejercicio de consolar y sanar. Es decir ayudar el que sufre con palabras y capacidades de sanación. Y por eso el tema nos parece importante. Jesús de Nazaret pasó su vida haciendo el bien y consolando a los enfermos. Y la Iglesia es heredera de esa acción. Eso es lo que intenta aclarar y demostrar Carlos Marcelo Barvarino y que, desde luego, consigue. Lo hace en un libro de cinco amplios bloques –o capítulos– que cuenta además con un prólogo, una introducción, una conclusión y una amplia bibliografía. El prólogo es de Julián Ruiz Martorell, vicario de la Diócesis de Zaragoza, España. Y es, precisamente, en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón donde Carlos Marcelo Barvarino cursó estudios.
Pero volvamos al contenido de este Consolad, consolad a mi pueblo. Y es que si hablamos de consolación tenemos que hablar de dolor y de sufrimiento y del talante cristiano ante ellos. El autor hace un muy interesante análisis de la existencia del dolor en el género humano y su relación con la religión y Dios. El hombre se enfrenta al hecho del sufrimiento de muchas maneras y a veces no comprende que algo así pueda ser permitido por Dios. En la consolación está el trabajo de sanar y acercar a Dios.
Uno de los capítulos más interesantes, a mi juicio, es el último, el quinto, en el que se habla de «pistas para vivir el ministerio de la consolación». Y que describe el trabajo sacerdotal en la consolación, sin olvidar, por ejemplo, el sacramento de la Unción de los Enfermos o el sacramento de la Reconciliación. Decir para terminar que nos ha interesado mucho este libro y que nos parece que abre nuevas perspectivas teológicas, pastorales, filosóficas y hasta culturales.

Ángel Gómez Escorial
Betania.es
Nº 680 (28 de noviembre de 2010)


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