Editorial San Pablo

Juan de Ávila es la muestra más clara de cómo la Teología está al servicio de la vida

13.11.10 | 11:37. Archivado en Libros
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(Luis Alberto Gonzalo-Díez, en Sal Terrae). Juan Rubio nos ofrece un delicioso itinerario para el camino de un evangelizador. Nos ofrece la vida de Juan de Ávila de manera accesible, concreta, humana y lúcida. El autor, experto en comunicación, conocedor del momento, consigue arrastrar al personaje y sus gestas de manera que el siglo XVI y el XXI se acercan y distancian cual «zoom», ofreciéndonos luz.
Juan de Ávila es de esas joyas que la humanidad produce contadas veces. Su trayectoria formativa, ministerial, docente y humana hacen de él una síntesis definitiva del hombre dejándose hacer por Dios. Sus preguntas y respuestas siempre conducen a una misma meta: el Dios de la vida, que es quien rige, decide y marca.
Eclesiástico de su siglo, sale de su siglo, creando expectativas y novedades en la evangelización. Como el Apóstol Pablo, es consciente de que la Palabra no está encadenada a ningún lugar ni a ningún estilo. Recorre así Juan de Ávila un número notable de poblaciones, dejando en ellas la impronta de lo que ocurre cuando uno se deja llevar por la Palabra.
El autor, con maestría, nos regala en cada página el ejemplo de alguien valiente y con fe. Los exámenes de la época escudriñando los orígenes judíos de tantos, o un Santo Oficio con sus particulares modos de probar la pureza y rectitud de la doctrina, no infunden miedo en Juan de Ávila, no le hacen menguar en el empeño evangelizador ni en la libertad evangélica. Lejos del cálculo, o de la palabra que sabe va a ser aceptada, Juan de Ávila sólo es esclavo de la verdad y la sabiduría que residen en el mismo Dios.
Juan Rubio además de escritor, es sobre todo sacerdote. Conoce y ama el ministerio y sabe que tiene un enemigo especial: la soledad. Son especialmente deliciosas las páginas del Santo en Granada, donde crea y crece un «grupo apostólico». Consigue crear escuela, crea fraternidad... Y esa riqueza que la comunidad imprime en la propuesta evangélica es señalada en el texto de manera apasionante.
Estamos ante un texto de fácil lectura y seguro aprovechamiento. Buen alimento para todo el pueblo de Dios, y en particular para quienes encarnan el ministerio sacerdotal. La narración discurre como una gran aventura en la que no es difícil hacerte con el personaje, entender el contexto y, lo que es mejor, encontrar paralelismos con el momento actual. Idéntica libertad y firmeza; claridad y formación; fraternidad y humildad... son elementos exigibles para el ministerio sacerdotal en nuestros días.
La pastoral intensa nunca fue enemiga de la formación con rigor. Juan de Ávila es la muestra más clara de cómo la Teología está al servicio de la vida y cómo la verdadera transmisión no es otra que «comunicar vida en abundancia».
La historia es maestra. No estamos llamados a reiterar, pero sí a aprender. El libro refleja, sin maquillaje, un momento histórico. A la luz del testigo de la fe, Juan de Ávila, redescubrimos una Iglesia –Madre– en la que desde siempre ha convivido la Gracia en abundancia con aquellas miserias que, curiosamente, son las que ayudan a que sobreabunde la presencia de Dios. Juan Rubio, con suavidad, va dejando que la verdad de Dios a través de Juan de Ávila sobrepase tantas miserias, envidias y trampas que entre eclesiásticos del momento se trazaron. Entonces, como hoy, la Iglesia facilitó que hombres como nuestro testigo mantuviesen viva, iluminando por siglos, la llama de la fe.
Un libro que ayuda a crecer. Apasiona en las ganas del seguimiento y desapasiona del chascarrillo y la murmuración. Juan Rubio, con su obra Juan de Ávila: un apóstol en camino, nos ofrece una buena aportación al Año Sacerdotal recientemente celebrado y pone un firme más en la declaración de nuestro Santo como Doctor de la Iglesia.

Luis Alberto Gonzalo-Díez
Director de Vida Religiosa
Sal Terrae 98 (noviembre de 2010) 910-912

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por angel luis irigoien 13.11.10 | 16:11

    No sabía yo que a los santos se les hicieran doctores de la Iglesia por recogida de firmas. Lo que hay que oir. Esta loa al autor y al libro está bien como comentario, pero no habla nada del contenido del libro.

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