(SP). «Pablo VI, a lo largo de toda su rica experiencia como sacerdote, educador y pastor, aceptó con entusiasmo y conciencia crítica la confrontación con el pensamiento y los testimonios de su tiempo; llevó a cabo reformas fundamentales en el cuerpo de la Iglesia, para darle formas más genuinas y eficaces, en una era histórica en la que cada campo del saber y de la experiencia humana aparecen en vertiginoso cambio; buscó nuevos modos para revelar a Cristo a los diversos tipos de hombre moderno (...). Se hacía verdaderamente necesaria, cuando se cumplen treinta años de su muerte, una biografía como esta (...). Una preciosa aportación para dar a conocer y para amar aún más a este gran Papa».
Estas palabras de del cardenal Dionigi Tettamanzi justifican plenamente la publicación de esta semblanza de Pablo VI que lleva como subtítulo El coraje de la modernidad. Su autora, Giselda Adornato, es especialista en la figura y el magisterio de Giovanni Battista Montini-Pablo VI y colabora en la redacción de la Positio para la causa de beatificación de este pontífice.
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Hay una emisora radiofónica que está explotando un eslogan en el que es posible pero no muy seguro que crean los que lo airean: el de que son más libres que nunca. ¡Ya quisiera ver si para decir algunas cosas que no estaría nada mal dijesen sino todo lo contrario, les conceden tal cacareada libertad desde las alturas. En la Iglesia que camina por este llaado valle de lágrimas, al que ella misma contribuye, lo de la libertad es casi mentira. Uno ve esa falta de libertad trocada en oportunismo en la adulación del Papa de turno y en el casi olvido de otros que fueron Papas ayer mismo o anteayer cuyos grandes méritos, cuya rectitud, cuya "gobernanza" de la Barca no se evoca por quienes deberían por miedo a que eso reste gloria a los que les han sucedido y, a veces, proceden con más clara mediocridad. Juan XXIII, el Bueno, está medio olvidado a cuenta de otros que han hecho mucho ruido con escasas nueces. Pablo VI, otro gran Papa, digno sucesor suyo, también sigue injustamente ignorado.
¡El inolvidable Pablo VI! No se le hizo justicia en vida, y aún menos en España. Él, en cambio, soportó la incomprensión y, casi, la calumnia de que fue objeto. Pienso que quienes lean la biografía de Gisalda Adornato, una rigurosa especialista sobre el tema, podrán rectificar sus prejuicios, si aún los alimentan, o congratularse de que, también en este caso, más valga tarde (¡siempre se está a tiempo!) que nunca. Yo me pregunto, casi con disgusto, por qué un Juan Pablo II tan propenso a beatificaciones y canonizaciones (algunas de las cuales han caído ya en el olvido), dio la impresión de más bien escaso interés en reconocer el casi martirio de que fue objeto su inmediato (con los 33 días del buen Papa Luciani de por medio) grande Predecesor... ¡Venerable Pablo VI, pide por nosotros! Y por la Iglesia que se tambalea en España, en parte con un Episcopado bastante más mediocre que el que le diste tú, a pesar de que el Concordato nacionalcatólico franquista te lo puso difícil...
Sábado, 2 de junio
Editorial San Pablo
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató| Junio 2012 | ||||||
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