(J. Vives, en Actualidad bibliográfica de filosofía y teología). En el crepúsculo del siglo XIX F. Dostoievski se atrevió a profetizar que «la belleza salvará el mundo». Y justo al acabar el siglo XX un serio pensador cristiano ha escrito que «gran parte de la crisis de la Iglesia radica en la ignorancia eclesiástica del significado divino de la belleza» (P. D'Ors). En efecto, seguramente puede decirse que es en la percepción emocionada de la belleza donde aparece el mejor camino para descubrir las más profundas raíces de lo finito abriéndose al Misterio infinito, en el que tiene consistencia y forma toda realidad. Jesús Casás, actualmente canónigo de Tuy, ha dedicado largos años a intentar desvelar la presencia del gran Misterio en la experiencia de la belleza sensible. En 1998 defendió en la Facultad de Teología de Cataluña una tesis titulada Salvación y belleza, de la que luego publicó diversos extractos y síntesis. Ahora vuelve sobre el tema con Belleza y vida de fe, profundizándolo y ampliándolo con nuevas perspectivas. A la zaga de H. U. von Balthasar, el autor expone cómo se da una dimensión esencialmente estética en el mismo concepto de la revelación: en ella se trata de desvelar la espléndida dimensión de bien/belleza –«gloria», lo llama la Escritura– que se esconde en el designio creador y salvador de Dios, sacándola del ocultamiento en que se hallaba por la opacidad de lo finito y por la distorsión introducida por el mal del mundo. La fe procede del reconocimiento admirado –dimensión estética– de la bondad/belleza de los designios divinos que se manifiestan en los magnalia Dei del Antiguo Testamento y, sobre todo, en la acción salvadora de Cristo y del Espíritu. El cristianismo, en respuesta a la belleza intrínseca de la revelación, creó todo un mundo espléndido de símbolos y formas (celebraciones y textos litúrgicos, arquitectura, escultura, pintura, música...) a través de los cuales se ha vivido y se ha transmitido la fe. El Dr. Casás analiza el valor de estas formas de vivencia de la fe y aboga por su imprescindible función para que esta fe pueda ser transmitida. Un enfoque muy acertado, precisamente en estos tiempos en los que parece que la transmisión de la fe se hace cada vez más problemática.
J. Vives
Actualidad bibliográfica de filosofía y teología 92 (julio-diciembre de 2009) 204-205.
Sábado, 2 de junio
Editorial San Pablo
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Religión Digital
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Sor Gemma Morató| Junio 2012 | ||||||
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