Editorial San Pablo

Una obra excelente para conocer a Von Balthasar, extraordinario teólogo católico del siglo XX

23.01.10 | 12:12. Archivado en Libros, Autores
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(Actualidad bibliográfica de filosofía y teología). Otro de los grandes de la teología católica del siglo XX es, sin ninguna duda, el teólogo suizo Hans Urs von Balthasar, como muy bien muestra la presente obra de E. Guerriero, director de la revista Communio y buen conocedor de la obra de Von Balthasar. Nos ofrece primero las etapas principales de su vida hasta ingresar en la Compañía de Jesús. Los primeros años estuvieron marcados por su afición a la música, a la que se dedica con apasionamiento y rigor, y buena prueba de ello son sus varios escritos sobre música. Siente una gran admiración por Mozart, que antepone a todos los demás. Para él, la música es «la forma que más nos aproxima al espíritu, el velo más sutil que nos separa de él... Es un punto límite de lo humano y en este límite comienza lo divino╗. Afirma el autor que renunció a interpretar la música y a escribir sobre ella «porque fue apresado por un nuevo gran amor, por la vocación religiosa, o, mejor dicho, por la irrupción de Dios en su vida» (p. 29), aunque entre su visión musical y la futura teología no hay ruptura ni contraste. Señala después el gran influjo que tuvo la literatura en el pensamiento de Von Balthasar. Entre sus autores favoritos se cuentan Dante y Goethe. Hay que destacar, en este sentido, la importancia de su tesis doctoral, dedicada a la Historia del problema escatológico en la literatura alemana moderna. Muy importante fue para Von Balthasar, como expone acertadamente el autor, el estudio de los Santos Padres, especialmente Orígenes, del que afirma que ½es prácticamente imposible supervalorar a Orígenes y su importancia en el pensamiento cristiano» (p. 70). También valora a Máximo el Confesor, que concebía la existencia como acto litúrgico, como adoración. Importante es el capítulo dedicado al encuentro de Von Balthasar con la mística suiza Adrienne von Speyr, que tanta influencia tendrá en su vida, y que fue motivo de importantes decisiones, entre otras la de dejar la Compañía de Jesús. Describe el autor el contenido de algunas de sus experiencias místicas. Von Balthasar fue muy generoso y fiel con ella «transcribiendo, durante decenios, con humildad y dedicación, los dictados de la mística...» (p. 158). Seguidamente narra los comienzos de la amistad de Balthasar con Karl Barth. El conocimiento entre ambos derivó en una gran amistad gracias al común amor a Mozart. «No era difícil ver en los primeros años 40 a Von Balthasar quien, con discos de Mozart bajo el brazo, se dirigía a casa de Karl Barth» (p. 121-122). Hay un capítulo dedicado a «sus amigos escritores», entre los que destacan Georges Bernanos y Reinhold Schneider, a lo que hay que añadir su compromiso con la editorial Johannes Verlag.
El relato se centra ahora en lo más importante: su pensamiento teológico. Expone primero el contenido de los cinco volúmenes de Los escritos teológicos, «una auténtica mina, donde es posible encontrar todos los temas de la fecundidad teológico-espiritual de Von Balthasar» (p. 184). Comenta, finalmente, su opus magnum, la trilogía integrada por Gloria, Teodramática y Teológica, su mayor legado a la teología y a la Iglesia. Guerriero expone brevemente el contenido de los diversos volúmenes mostrando la profundidad y originalidad de su pensamiento. Afirma que «la trilogía de Von Balthasar va más allá de una obra estrictamente teológica. Es un conjunto de literatura, filosofía, teología, llamado a percibir y a testimoniar el amor de Dios que se revela. Es este su atractivo y su fecundidad y también el límite para quien desea una construcción teológica ordenada e irrebatible» (p. 245). Concluye la exposición comentando el testimonio de H. de Lubac (quien consideró «desconcertante y humillante el que no fuera invitado al Concilio Vaticano II como perito) acerca de Von Balthasar: le parecía, en el sentido más amplio y más hermoso del término, un hombre de Iglesia, un hombre de comunión, un católico. Su postura frente a la Iglesia cambió con el tiempo. «Progresista en tiempos de Pio XII, cuando se trataba de desmantelar las murallas tras las cuales la Iglesia se había atrincherado durante siglos, inmediatamente después del Concilio cambió de postura, en defensa de la institución, contra la cual se lanzaban, entretanto, todo tipo de dardos» (pp. 317-318).
Como todas las obras de esta colección, se incluye al final el texto del artículo suyo titulado: Descenso a los infiernos. El tema del descensus es esencial en su obra. También evidencia el artículo la relación entre literatura y teología. Una obra excelente para conocer a este extraordinario teólogo católico del siglo XX.

J. M.
Actualidad bibliográfica de filosofía y teología 92 (julio-diciembre de 2009) 206-207.


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