Editorial San Pablo

Análisis de la cuestión religiosa en una sociedad intercultural

22.01.10 | 08:28. Archivado en Libros
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(J. Romero Moñivas, en Actualidad bibliográfica de filosofía y teología). Esta nueva obra del jesuita Julio L. MartínezLibertad religiosa y dignidad humana– es, aunque el propio autor no haya hecho ni una sola referencia a ella, continuación de su anterior obra publicada en esta misma editorial [y que yo mismo reseñé aquí: cf Actualidad bibliográfica 88 [2007]: 200-202) sobre Ciudadanía, migraciones y religión. Un diálogo ético desde la fe cristiana. Por supuesto, las dos obras son independientes y no guardan una continuidad interna deliberada. Sin embargo, no podrá negarse que esta segunda obra es una concreción de uno de los temas importantes que el autor trató en aquel libro: la cuestión religiosa en una sociedad intercultural, en la que, por lo tanto, la libertad religiosa se constituye en uno de los pilares clave. Ha de quedar claro que libertad religiosa se entiende no sólo como libertad de las Iglesias, sino también libertad frente a las Iglesias: es decir, libertad personal para elegir religión (sea cual fuere) pero también para no elegir ninguna, y no ser obligado a creer lo que en conciencia no se siente, aunque la opción personal sea errónea. Como en aquel otro libro, el profesor Martínez impresiona por su valentía y libertad de palabra, al tiempo que por una actitud apacible y no polémica, es decir, un autor equilibrado en sus juicios y opiniones. No obstante, el lector no debe llevarse a engaños, puesto que el enfoque del autor es «católico», como bien reza el subtítulo, y por tanto está centrado en la consideración de la libertad religiosa en la Iglesia católica, y no en otras Iglesias o religiones. Ahora bien, el autor ya se mostró favorable a tesis poco tradicionales e intolerantes en la consideración de las cuestiones relativas a las migraciones, la cultura y la ciudadanía, reflejando una actitud humana y un compromiso social muy en sintonía con la actual línea de la Compañía de Jesús, abogando no sólo por una simple «tolerancia» de la diversidad intercultural e interreligiosa, sino considerándolo positivamente como una «virtud" que es necesario defender. Y en esta obra, asumiendo de modo implícito aquel aparato conceptual, también apoya sus argumentaciones en tesis que, desde mi punto de vista, son mucho más reales, liberadores y, a pesar de lo que algunos pudieran pensar, insertas en la propia tradición de la Iglesia, como Julio L. Martínez muestra convincentemente. Su autor de referencia en este libro es el jesuita J. C. Murray, el teólogo más influyente en la redacción de la Dignitatis humanae del Vaticano II sobre la libertad religiosa.
Me resulta imposible por falta de espacio desarrollar los argumentos históricos, filosóficos y teológicos de los seis capítulos que componen el libro, y que, reitero, son equilibrados y para nada pretenciosos de dogmatismo, y en los que mi lápiz no ha hecho más que subrayados y anotaciones a los márgenes. Resumo: los tres primeros capítulos son histórico-sistemáticos, en tanto que Julio L. Martínez delinea el proceso histórico de la libertad religiosa en la Iglesia desde León XIII hasta Juan Pablo II, pasando por el punto de inflexión que supuso el Vaticano II, pero sin descuidar el análisis y matización de los argumentos sistemáticos contenidos en esa «narración histórica». Así, pues, el capítulo 1 trata de la tolerancia a la libertad: las dos visiones católicas sobre la libertad religiosa que colisionaron en el Vaticano II; en el 2 se habla de la libertad religiosa en el concilio Vaticano II, y en el 3 de la libertad religiosa en el magisterio de Juan Pablo II. Es necesario apuntar que la clave de todo este proceso histórico fue el reconocimiento (algo que sorprendentemente se reconoció muy tarde) de que «propiamente ni la verdad ni el error tienen derechos; los derechos no pueden tenerlos ni las cosas ni las ideas, sino las personas» (cardenal Heenan).
Tras estos primeros capítulos, los dos siguientes son ya más de carácter propiamente sistemático en los que se trata de mostrar que la libertad religiosa como fundada en la dignidad humana es tema clave de la tradición cristiana. Por ello, en el capítulo 4 se desarrolla una teología cristiana de la dignidad, y en el 5 se desarrolla el punto de que la dignidad humana funda la libertad: desde la antropología teológica a la moral social. Finalmente, el capítulo 5 explora, con gran respeto por el momento y sensibilidades actuales, sin demonizar ni condenar, la libertad religiosa en medio de los debates hodiernos: el diálogo interreligioso y el laicismo/laicidad. Todos estos vericuetos histórico-sistemáticos, el propio autor los resume en siete conclusiones, que no son propiamente una condensación de los argumentos utilizados, sino de los objetivos y metas alcanzados: 1. El fundamento de toda la nueva concepción del derecho de la persona humana a la libertad religiosa desarrollada por el concilio Vaticano II no es otro que «la dignidad de la persona humana, tal y como se la conoce por la palabra revelada y por la misma razón natural». 2. El concilio optó por poner fuerza en la dignidad humana como fundamento y en darle carácter central al argumento de índole jurídico-política. Pero esa opción no quiere decir que los argumentos de índole metafísica o teológica estén ausentes en la declaración. 3. La respuesta bíblica fundamental a la pregunta qué es el hombre y dónde se funda su dignidad se ha elaborado no temática, sino operativamente, en torno a la iconalidad divina [...]. 4. La defensa del derecho a la libertad religiosa, cuyo fundamento está en la dignidad humana, es como un indicador para verificar el respeto de todos los derechos humanos. 5. El diálogo interreligioso como cultura: ser religioso hoy equivale a ser interreligioso en el sentido de que, en un mundo en tanta diversidad cultural y religiosa, la relación positiva con los creyentes de otras religiones es un requisito para construir la convivencia social. 6. La «separación» entre religión y política se refiere a las religiones como instituciones respecto del Estado como institución: (por tanto es «separación institucional»: Estado laico), pero no pretende separar a las religiones del conjunto de la sociedad (sociedad laica), ni a la religión de la cultura social. 7. El verdadero humanismo cristiano es el del misterio pascual de Cristo, que funda a la Iglesia y constituye su misión de anuncio y testimonio [...].

J. Romero Moñivas
Actualidad bibliográfica de filosofía y teología 92 (julio-diciembre de 2009) 212-213.


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