(Maite López, en Vida Nueva). Hace unos meses, escribíamos aquí de Santiago María Antón y de su primer disco: Al Dios cotidiano. El hermano Santi, como a él le gusta ser conocido, vuelve ahora a ser noticia por el lanzamiento de su segundo disco, que lo supera con holgura y en muchos aspectos: Solamente Dios. La madurez de las composiciones es evidente. Se notan muy trabajadas, con diálogos entrañables, fruto del mucho andar y buscar a Dios, con poesía y realismo a la vez.
Son canciones que rezuman compromiso y preferencias evangélicas: amor a los más pequeños, debilidad por los excluidos, pasión por Cristo y un hondo deseo de que Dios sea el centro de la vida. Resulta prácticamente imposible distinguir hasta dónde llega el impacto del contenido y la emoción de la voz, porque forman un todo. La interpretación resulta magnífica y con un toque de intensidad y modulación muy peculiar.
Escuchar al hermano Santi es adentrarse en el interior de alguien muy convencido de lo que canta, que contagia seguridad y que inevitablemente te lleva a orar con su música. Destacar la no menor maestría de Juanjo Melero, que ha realizado algo más que unos arreglos. Suenan percusiones y ritmos africanos, órganos y viento de swing, baladas desnudas al piano y, sobre todo, guitarras en solos y acompañamientos, acústicas y eléctricas, que hablan por sí solas. A todo esto se añaden unas excelentes condiciones técnicas de grabación y una óptima mezcla de sonido. El resultado es un pequeño tesoro espiritual y sonoro.
La mejor ocasión para conocer y escuchar al hermano Santi, será durante la presentación del disco el 17 de octubre a las ocho de la tarde en el Salón de Actos de Caja España de Palencia, y que se convertirá, casi sin remedio y en vísperas de partir hacia México (su nuevo destino como religioso guaneliano), en una emotiva despedida.
Maite López
Vida Nueva 2.677 (2 de octubre de 2009).
Viernes, 17 de febrero
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