(V. Martín, en La Ciudad de Dios). A los pocos meses de la muerte del papa Roncalli, su secretario particular Loris Francesco Capovilla, editó y prologó el diario personal de Juan XXIII con el título italiano Il giornale dell'anima e altri scritti di pietà. La edición española a cargo de Juan Antonio Carrrera, reproduce básicamente el texto original Diario del alma. Es un libro de fácil lectura y lenguaje moderno, se han suprimido la mayor parte de las citas y referencias latinas y ha procurado mantener la fidelidad al personaje en sus etapas de seminarista, sacerdote, obispo y papa. Considero poco afortunado el criterio de reducir el texto original, ofreciéndonos una versión incompleta, pues impide conocer aspectos de la vida de un papa muy querido.
La obra está dividida en nueves partes, correspondientes cada una a las etapas fundamentales de su vida, con títulos, subtítulos, epígrafes y subepígrafes.
El Diario del alma contiene la autobiografía de Juan XXIII, desde los quince años hasta pocos días antes de su muerte, ocurrida el 3 de junio de 1963. En sus páginas descubrimos su evolución espiritual, pero igualmente constatamos la fidelidad que mantiene en sus prácticas religiosas. En todas las páginas brilla la fe de Juan XXIII, su simpatía, sencillez, y su chispa de buen humor, su bondad, cordialidad y simplicidad evangélica. Nos sirve para conocer también sus debilidades y complejos por su pequeña estatura y así escribe pocos días antes de ser elegido papa: «... Tengo que escribir todo antes, y esto me cuesta, aparte la constante humillación que siento de mi pequeñez» (p. 377). El Diario del alma sigue teniendo hoy la misma atracción que en su día ofreció la primera edición española.
Es un libro entretenido, de gran utilidad para lectura espiritual, meditación o reflexión; y útil también para conocer al Papa Bueno o para recordar su memoria.
V. Martín
La Ciudad de Dios 222 (09/2) 628.
"No haremos un proceso histórico, no intentaremos saber quién ha estado equivocado y quién ha tenido razón. Las responsabilidades son compartidas. Únicamente diremos: '¡Reconciliémonos!'" Juan XXIII, 25 de enero de 1959, cuando anunció su propósito de convocar un Concilio.
Han sido frecuentes las posturas rupturistas y negativas de un papa respecto a su predecesor. Leer y reiros del desarrollo puramente terrorista del Concilio Vaticano Primero, el que querían que Juan 23 clausurara, y quedó sin cerrar. "Ni dogmas ni condenas, dijo Juan", y convocó el Concilio Vaticano Segundo, quedando el Primero para el escarnio. Y el Vaticano Segundo es irreversible, mal que le pese a la curia, la jerarquía y otros subproductos antievangélicos que no confían ni en Dios. Sus efectos durarán hasta el próximo concilio. Hitler, Franco, construían para miles de años. No pasarán de los cien, espero.
Estoy aún con la primeras páginas del libro que se reseña, pero extrañó mucho la afirmación de que el papa Don Angelo tenía complejo de bajito. Fui a comprobar la cita de la p. 377 que se copia arriba y, a mi ver, pequeñez no alude allí a la talla corporal sino a la poca consideración en que se tenía aquel santazo de Dios: como si dijera "poquedad".
Lunes, 23 de noviembre
Editorial San Pablo
Editorial San Pablo
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Julián Moreno Mestre
Siro López
Rodrigo del Pozo Fernández
Vicente Haya
Jesús Rojano
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo