(F. Carmona, en La Ciudad de Dios). ¿Ser todavía cristianos?, de Jesús Espeja, encuadernada en piel con sobretapa a color, ofrece el primer atractivo. El contenido lo presentaremos a continuación. Se trata de otra obra de fondo teológico dentro de un análisis hecho a una sociedad, según indica el subtítulo, laica y plural. No hay que presentar al autor porque es conocido, veterano en las lides de la pluma con escritos teológicos sobre Jesús de Nazaret y la Iglesia. Hoy nos plantea otro estudio, en el nuevo libro, que empieza con un interrogante inquietante para muchos, en medio de esta sociedad que acertadamente clasifica de laica y social. Hay gente tan progre que piensa, como extrañada, que ser cristiano ya pertenece al pasado, lo consideran superado, aunque son incapaces de desprenderse de esa realidad y acuden, inconscientemente a Jesucristo y su Iglesia para tomar modelos. Por eso Espeja plantea bien la problemática. Y lo hace con otros interrogantes, que surgen ante la situación, a los que va respondiendo. He aquí los primeros: «La confesión cristiana, ¿debe tener o no una relevancia pública? Y ¿cuál es el precio para lograr esa presencia?». A eso van dirigidos los cuatro amplios capítulos. Comienza por presentar la salida del nacional-catolicismo. Ya el Concilio Vaticano II, que ha resultado de dificil recepción en ciertos sectores, se plantea eso mismo con el nombre de estado de cristiandad y dice que «el Vaticano II ha sido tumba de la cristiandad», citando esta frase del escritor González Ruiz. Y recuerda que «situación de cristiandad» significaría que las realidades terrenas carecen de autonomía. El capítulo segundo afronta el nacimiento de una cultura secular y rabiosamente humanista, plural y laica, con unos valores innegables, pero una cultura enferma, manifestada por las derivaciones. En el tercer capítulo presenta el paso del poder al profetismo con el problema del laicismo y su interpretación. En el cuarto plantea la maduración espiritual del pueblo cristiano, que debe llegar a ser más que «creyentes de creencias, creyentes de fe». Esa maduración debe llevar a un encuentro personal con Cristo, llevados por el Padre, ya que nadie va al Hijo si el Padre no le lleva, nos asegura el mismo Jesús en el evangelio. Con esto, llevando a una lectura serena de estas páginas, Jesús Espeja orienta a la solución de los interrogantes y a valorar la razón de ser cristianos hoy y siempre.
F. Carmona
La Ciudad de Dios 222 (09/2) 599.
Viernes, 27 de noviembre
Editorial San Pablo
Escuelas Católicas
Vicente Haya
Editorial San Pablo
Sor Gemma Morató
Siro López
Francisco Baena Calvo
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis