EN LA SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL
(SP). Tamizando su propia experiencia personal como peregrino, a través de su sencillo y ardiente espíritu franciscano, Francisco J. Castro Miramontes recoge en Al encuentro de la vida treinta meditaciones, una por cada día de jornada, durante el camino de Roncesvalles a Santiago. Las meditaciones se centran en la identidad del ser humano, en su dignidad particular y en sus actitudes, haciendo de todo ello oración. Se trata de una invitación a recorrer este camino de profundización dirigida a todos, especialmente a los jóvenes, proponiendo un modelo antropológico: el hombre cristiano.
«Compostela es el corazón, los caminos sus venas, su sangre las gentes venidas de todo el mundo. La “almendra”, el casco histórico, es un pequeño milagro de la piedra que se hizo arte y poesía, es un mar pétreo sobre el que navega la lluvia misma, y sobre la lluvia (que dicen que aquí es arte y que es la vecina más ilustre), navegan los paseantes: los de aquí, con su dulce y melodiosa habla gallega, y los de todas partes, con sus lenguas y razas. Compostela es universal, una Babel placentera en la que es posible el encuentro, buscado o fortuito, con Dios, que también habita por entre las rúas bajo la lluvia y animando la piedra, porque esta es una ciudad que mira al cielo, un cielo que suele ser gris y que invita a la contemplación. (...). Compostela es un monumento fraguado en la historia, un milagro de la piedra hecha arte que la espiritualidad hizo posible. La fe engendró un mito que perdura en el tiempo y se hace experiencia incomparable del corazón: la de aquellas personas que en un instante de la vida dirigimos nuestros pasos, nuestro corazón, hasta este lugar en los confines de la Tierra, en el límite entre la criatura finita y lo eterno».
(Francisco Javier Caballero Ávila, en Vida Religiosa). La pregunta por el sentido de la vida se hace clave en el sufrimiento humano. Sin embargo, la sociedad en la que vivimos parece haber ahogado esta pregunta. Las fuentes del sentido siguen existiendo. El problema se encuentra en «no querer transitar esos caminos o haber olvidado el camino que conducía a ellos», en palabras de Felicísimo Martínez. Situado en el horizonte de la teología cristiana, Espiritualidad en la sociedad laica ofrece una serie de experiencias sapienciales que habitan en el fondo de la tradición y de la comunidad eclesial. Pero, por encima de todo, su objetivo es abrir algunas fuentes de sentido para los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Francisco Javier Caballero Ávila
Vida Religiosa 7/107 (julio-septiembre de 2009) 46.
Sábado, 2 de junio
Editorial San Pablo
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Asoc. Humanismo sin Credos
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