Editorial San Pablo

La singular humanidad de Jesucristo

16.07.09 | 08:03. Archivado en Libros
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(Bonifacio Fernández, en Ephemerides Mariologicae). Este libro, La singular humanidad de Jesucristo, se podría titular Problemas actuales de Cristología. Tiene la intención de tomar el pulso a la metodología y al contenido de la cristología contemporánea. El autor, Gabino Uríbarri, se esfuerza en mostrar la unidad y organicidad del libro; pero, en realidad, se trata en gran medida de textos previos, de procedencias distintas. De hecho, cinco capítulos son reelaboración de materiales anteriores, mientras que otros nueve capítulos se han gestado pensando de modo directo en este libro. En cinco capítulos se comentan textos oficiales de la Iglesia: de la Pontificia Comisión Bíblica (Biblia y cristología, 1984), de la Comisión Teológica Internacional, de la Congregación para la Doctrina de la Fe (El misterio del Hijo de Dios, 1972; Dominus Jesus, 2000). Dedica un capítulo correspondiente a algunos autores representantes de la teología pluralista de las religiones: John Hick, Paul F. Knitter, Jaques Dupuis. Dedica también todo un capítulo al análisis de la cristología ascendente y otro al Concilio de Calcedonia.
El hilo conductor que confiere unidad a los distintos capítulos es la singular humanidad de Jesús. El discurso se desarrolla en espiral, «volviendo una y otra vez sobre los mismos temas de fondo desde perspectivas, autores y contextos diferentes» (p. 37). El autor muestra una gran capacidad de relacionar temas distantes; lo hace con claridad y lucidez. Frente a la dispersión y diversidad inabarcable de las investigaciones histórico-criticas y antropológico-culturales del Nuevo Testamento, que constituyen un tormento para el teólogo sistemático, el autor nos facilita una mirada de conjunto sobre ese mundo.
En contraposición a lo que hace años señalaba K. Rahner sobre el peligro del «mono-fisitismo latente», G. Uríbarri señala el neonestorianismo como el peligro más actual de la cristología, es decir, la separación entre el Verbo eterno y el hombre Jesús, entre el hijo del hombre y el Hijo de Dios, entre la humanidad de Cristo y la acción del Espíritu Santo. El nestorianismo sería «la herejía clásica más tentadora para la cristología actual» (p. 288). La problemática más candente le viene a la Cristología desde el diálogo interreligioso y su formalización teológica. En efecto, la teología cristiana de las religiones plantea en toda su crudeza el contraste entre la universalidad de la salvación y la particularidad de Jesús.
La conclusión lleva por titulo: La «salus carnis», centro de la cristología. Y señala hasta once características de la singularidad de la humanidad de Jesús. Hace ver cómo el campo de la investigación histórico-bíblica sobre Jesús y la teología de las religiones convergen en plantear en toda su agudeza la singularidad de la humanidad de Jesús; no ya la singularidad histórica, sino su singularidad en cuanto humanidad del Verbo de Dios. Se trata de una humanidad verdadera y limitada; singularmente reveladora; singularmente salvadora; que se perfecciona en su devenir histórico; con una singularidad definitiva; nacida con singular intervención del Espíritu Santo; singularmente ungida por el Espíritu y que efunde el Espíritu; una humanidad singularmente gloriosa; quicio de toda la economía de la salvación, que engloba el sentido de Dios y del hombre.
Pero con la afirmación de la humanidad de Jesús como humanidad personal del Verbo no se resuelven las graves cuestiones que plantea la teología cristiana de las religiones. Siguen abiertas. En realidad la acentuación de la singularidad de la humanidad de Jesús como mediación creadora, redentora y recapituladora, ¿quiere decir que Jesucristo recorta el plan universal de salvación? ¿Limita la humanidad de Jesús la universalidad de la salvación de Dios? ¿Cómo pensar la mediación de Jesucristo en un mundo interreligioso con sus múltiples caminos de salvación?
La cristología necesita una gran renovación. El autor llama la atención sobre los caminos que no debemos transitar; esperamos que en una futura pars construens señale los caminos apropiados.

Bonifacio Fernández
Ephemerides Mariologicae LIX/2 (abril-junio de 2009).


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