Editorial San Pablo

Dos libros sobre Teresa de Jesús, porque «Teresa siempre ha estado ahí»

14.07.09 | 07:59. Archivado en Libros

(José María Avedaño, en Vida Nueva) «Solo Dios basta» es uno de los regalos que nos hizo Teresa de Jesús para nuestra vida cristiana en el espesor de la realidad, en medio de los gozos y esperanzas, tristezas y angustias, de nuestros hermanos los hombres. La Santa de Ávila nos aporta esperanza cuando el carro, en ocasiones desvencijado, de la vida se pone cuesta arriba. Los dos libros que aquí presento contribuyen a esa esperanza cristiana.
El camino espiritual de Teresa de Jesús es un libro lleno del olor de las buenas obras, práctico, que revitaliza nuestro ser cristianos. Un breve recorrido por la vida de la Santa nos aproxima a su experiencia espiritual, para concluir con una atinada selección de textos para los tiempos recios que corren.
La profesora Carmen Herrando, miembro del Instituto Enmanuel Mounier y de la Asociación pour l’etude de la penseé de Simone Weil, considera que Teresa de Jesús «tiene un presente siempre fecundo y lleno de significado». Porque «también hoy –escribe– vivimos en un mundo dramáticamente abrumado por los ruidos y luces artificiales, y Teresa viene a poner luz en las cosas oscuras».
Decía el padre Rahner que el cristiano de los años venideros o es un místico o no será nada, y el sacerdote Fernando Urbina, gran discípulo y estudioso de santa Teresa y de san Juan de la Cruz, reconocía a los místicos entre «aquellos que naturalmente son la gente sin apariencia y sin nombre, los que están sumidos en la cotidianidad y en “el corazón de las masas”. El místico es alguien muy libre y no desea nada fuera del amor».
Teresa de Jesús experimenta y vive esta aventura interior poniendo a Dios en el centro de su vida, «Dios de mi corazón», y, desde ahí, invita a toda persona a entrar en su propio centro y, en comunicación dialógica, a descubrir a quien es la raíz y el eje de su ser.
Buscamos realidades con hondura, que pongan horizontes de esperanza en nuestra vida y, en este sentido, el amor a la Verdad de la Santa –afirma la autora– resulta alentador en un mundo donde se difunden el relativismo y la superficialidad.
Por eso, no podemos vivir sin oración, parte nuclear de nuestro conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo crucificado y resucitado, y de nuestra colaboración con Él. La oración define el trato íntimo entre el hombre y Dios, de tal manera que esa relación hace posible el desasimiento de todo («el que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo y me siga»). Ahora, el protagonista será Dios, que es Amor, y no el ego (yo).
Un libro, en fin, que confirma que «quien a Dios tiene nada le falta. Solo Dios basta».

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