Editorial San Pablo

Memoria agradecida por la vida de las mujeres en la Iglesia primitiva

04.07.09 | 21:15. Archivado en Libros
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(Domingo García Guillén, en Facies Domini). Las ciencias sociales han cobrado gran importancia en el estudio de la antigüedad en los últimos decenios. En el ámbito teológico son notables las aportaciones que la sociología y la antropología cultural han ofrecido al estudio del texto bíblico; de ellos se hacía eco la Pontificia Comisión Bíblica en su documento de 1993 (La interpretación de la Biblia en la Iglesia).
El autor cuyo libro presentamos, Desterradas hijas de Eva, se sirve de estas ciencias para analizar el cristianismo primitivo. Fernando Rivas, profesor de Patrología e Historia de la Iglesia en la Pontificia Universidad de Comillas une, a su formación teológica y bíblica, una licenciatura en filología clásica. Se trata, por tanto, de un autor preparado para acercarse a la antigüedad cristiana por caminos muy diversos y complementarios. Como ya hiciera en su excelente tesis doctoral (Defensor Pauperum. Los pobres en Basilio de Cesarea, BAC 657, Madrid 2005), Rivas aplica a la era patrística los métodos que Rafael Aguirre, su director de tesis, aplica a la Escritura. En honor a la verdad, es justo reconocer que el acercamiento socioeconómico a la era patrística no es completamente nuevo en nuestro país: el profesor Ramón Teja y sus alumnos lo llevan practicando desde los años setenta; y con reconocimiento científico a nivel mundial, cabe añadir.
Desterradas hijas de Eva pretende arrojar algo de luz acerca de la situación de la mujer en el cristianismo primitivo; se trata de un tema complejo, que requiere una atenta lectura de las escasas fuentes disponibles, no siempre fáciles de interrogar. Fernando Rivas ofrece un acercamiento múltiple: diversas épocas (del siglo I al siglo V), diversos lugares (Asia menor, el África latina, Egipto, Capadocia, Roma, Constantinopla), diversas situaciones (monacato, martirio, ascetismo urbano). Sus bellas páginas, escritas con un lenguaje pulcro y accesible, nos permiten asomarnos a esta realidad tan desconocida, para poder hacer memoria agradecida por la vida de estas mujeres. Su condición de filólogo le permite, en especial, ofrecernos bellas traducciones.
Las diversas voces que recoge Rivas suenan armónicamente en el texto. El hecho tiene más mérito puesto que Desterradas hijas de Eva combina capítulos inéditos con material publicado anteriormente («tres de los capítulos... cuentan con una vida independiente de este libro», 15, nota 4). A estos materiales, Rivas ha añadido una introducción y unas conclusiones finales, que tratan de reforzar la unidad de la obra. Con todo, las conclusiones parecen no estar a la altura del resto del libro; se esperaría una síntesis mejor, más pegada a los resultados de la investigación, que delineara las líneas comunes y divergentes de los capítulos anteriores: en especial, los «principios» con que se cierra el libro (260-261) pueden aceptarse o no, pero dan un cierto «salto en el vacío» de la situación de la antigüedad cristiana a la de nuestros días.
Ya he afirmado que, a priori, uno de los atractivos del libro es la pluralidad de disciplinas en las que se ha formado el autor; en efecto, es fácil observar el predominio de los estudios de tipo literario e histórico. La ausencia del índice de autores nos impide afirmarlo con mayor seguridad, pero Rivas se apoya muy a menudo en determinados estudios (el caso más claro quizá sea P. Brown, El cuerpo y la sociedad). Para el lector que proviene del ámbito teológico –como es mi caso y, quizá el de muchos lectores, pues el libro está publicado por una editorial religiosa– es sumamente enriquecedor conocer estos enfoques y la bibliografía en que se exponen. La lupa de las ciencias sociales permite, por ejemplo, ver la connotación de dominio con que algunos padres entendían la virginidad femenina (el capítulo sobre Basilio de Cesarea es excelente). Algunas categorías, como la de «acompañamiento» que Rivas aplica al martirio, son luminosas (aunque cabe preguntarse si es específico de la mujer o puede aplicarse a todos los mártires).
Sin embargo, llama la atención la confianza que Rivas deposita en algunos planteamientos de las ciencias sociales y la asunción acrítica de los tópicos presentes en todas las obras que adoptan este enfoque: las antítesis honor y vergüenza, pureza e impureza, el concepto sociológico de «secta» (mencionado varias veces, vg. 110, nota 13, aunque no explicado hasta bien avanzado el estudio, 124) o la ideología de género (147.260). Igualmente, sorprende la escasa presencia de la reflexión teológica, que parece relegarse, en la forma ya señalada, a las conclusiones.
Las observaciones realizadas no cambian el juicio, en general positivo, que nos merece este libro. Hay que felicitar al autor por introducirnos en estas cuestiones, y hacerlo con lenguaje comprensible y profundidad. Ojalá que siga acercándonos, de esta forma tan enriquecedora, a los orígenes cristianos.

Domingo García Guillén
Facies Domini 1 (2009) 284-286.

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3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Brian GRay 11.07.09 | 16:21

    Unos comentarios de los primeros cristianos acerca del papel de la mujer en la iglesia se puede encontrar en www.laiglesiaprimitiva.com

  • Comentario por Franco 06.07.09 | 08:13

    ¿Y? El libro no va sobre la oración...

  • Comentario por jose de Maria 05.07.09 | 23:34

    La oracion dice hijos de Eva, no hijas de Eva

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