Editorial San Pablo

Una excelente guía para quienes se sientan llamados a cualquier vocación cristiana

03.07.09 | 08:16. Archivado en Libros
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(J. Romero Moñivas, en Actualidad bibliográfica de Filosofía y Teología). El proceso de discernimiento de una vocación religiosa siempre es una tarea compleja, tanto para el que siente la llamada como para aquel que tiene el deber de valorarla por parte de la institución eclesial en cuestión. Discernir la llamada, del jesuita Luis María García Domínguez es una excelente guía para este fin. Especialmente está centrada en el proceso –lo más riguroso posible– que debe llevar a cabo el evaluador eclesial, pero su lectura también será provechosa por todos aquellos que se sientan llamados a cualquier vocación cristiana laica pero, sobre todo, consagrada o sacerdotal. El libro está bien escrito, aunque como el propio autor reconoce, a menudo hay partes más técnicas, en especial las que tratan cuestiones propiamente psicológicas. Sin embargo, en términos generales, la obra es asequible para casi cualquier lector con cierta formación. Su estructura también es muy sencilla y a pesar de ser un libro de pequeña extensión, desde mi punto de vista trata con gran precisión y rigurosidad las cuestiones clave: son seis capítulos, más un breve vocabulario de palabras técnicas en psicología y un útil apéndice con modelos de entrevistas, cuestionarios y breves definiciones de conceptos importantes del libro.
En el primer capítulo, García Domínguez hace un repaso general al modo en que las personas suelen enfrentarse con el hecho de sentirse llamados a una vocación especial; pero también explica con cierto detalle los criterios eclesiales (codificados en el Derecho Canónico) para el ministerio ordenado o la vida consagrada. Desde el punto de vista de todos aquellos que creen sentir esa vocación, leer estas primeras páginas puede ayudarles a despejar dudas. El segundo capítulo es el más técnico pero, también, el más interdisciplinar, puesto que trata de analizar las aportaciones que la psicología puede proporcionar a la valoración vocacional, contribuyendo a aumentar y mejorar los modelos teóricos ya propuestos: en la primera parte del capítulo se repasan las relaciones más genéricas entre el mundo de la psicología y el propiamente religioso; en la segunda, nuestro autor trata de esbozar los rasgos de una antropología de la vocación cristiana, siguiendo los pasos teóricos de su maestro Luigi M. Rulla; con ello «la antropología de la vocación cristiana formula una teoría vocacional que incorpora con un lenguaje psicológico y empíricamente operacional las perspectivas de antropología teológica y filosófica que intervienen en la vocación» (p. 96).
El tercer capítulo es menos ambicioso en su alcance teórico pero de enorme importancia práctica para el evaluador eclesial: se trata de mostrar el modo más útil de llevar a cabo la entrevista de valoración con el candidato; aquí se dan desde sugerencias puramente técnicas a otras más esenciales para saber estructurar la entrevista de manera que se pueda sacar el mayor provecho a la información relevante para el discernimiento vocacional del candidato. Ahora bien, recopilar la información adecuada y justa requiere de técnicas y de habilidades especiales, pero más aún es necesario saber llevar a cabo la interpretación y la valoración correcta de toda esa información recopilada: a menudo el evaluador se tendrá que enfrentar a vocaciones erróneas, a vocaciones reales pero que no se ajustan a los criterios eclesiales, a candidatos cuyas patologías o caracteres psicológicos son incompatibles con determinadas vocaciones, u otros que con el tiempo pueden ir mejorándose y no son un impedimento real para el despliegue de la vocación. A tod esto se dedica el capítulo cuarto. Por su parte, el capítulo quinto sugiere el mejor modo de llevar a cabo el informe final del discernimiento vocacional, tanto para el propio candidato como para la institución eclesial que lo haya requerido; junto con algunas pistas sobre cómo realizar el posterior seguimiento del candidato; es decir, el acompañamiento vocacional en proceso (tanto la vocación primera, como posibles momentos de crisis de vocaciones ya maduras).
Finalmente, el capítulo sexto lo dedica el autor a conclusiones acerca de las posibles mejoras de este procedimiento para h¬cer la valoración vocacional, pero que también puede ayudar a los psicólogos cristianos a tener en cuenta este tipo de fenómenos entre sus pacientes, ayudándoles a completar su enfoque profesional. En todo caso, García Domínguez opina que «la valoración vocacional que hemos propuesto en estas páginas puede aportar alguna ayuda en estos tres parámetros del cambio para una auténtica transformación en Cristo» (p. 238).

J. Romero Moñivas
Actualidad bibliográfica de Filosofía y Teología 91 (enero-junio de 2009) 96-97.


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