(J. Aragó, en Actualidad bibliográfica de Filosofía y Teología). La vida de Carlos de Foucauld fue realmente compleja: Nace en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858; huérfano a los seis años le cuida su hermana y su abuelo. Educado cristianamente, en 1874 pierde la fe. En 1876 entra en la escuela militar de Saint-Cyr y en 1880 es enviado como oficial a Argelia, pero fue despedido por su desordenada conducta (1881). Estudia árabe y hebreo. En 1883 emprende una expedición por el desierto de Marruecos; después exploró Argelia y Túnez (1883-1885), hizo mapas de los oasis del país y de sus montañas. Su libro sobre Marruecos recibió la medalla de oro de la Sociedad Francesa de Geografía. En 1886 tuvo una profunda experiencia de conversión: convive con los seguidores del Islam, observa su conducta y piensa: «Esta gente se toma muy en serio su religión». Dios le inspira esta oración: «Señor, si existes, que yo te conozca».
Su vida experimenta un gran cambio. En París busca al Padre Huvelin y le dice que ha perdido la fe; por toda respuesta le dice: ponte de rodillas y confiésate. Al levantarse del confesionario era un hombre nuevo: «Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otras cosa sino vivir para Él». A sugerencia del Padre Huvelin peregrina a Tierra Santa. Pasa varios meses siguiendo los pasos de Jesús por los mismos caminos que él había recorrido; decide abrazar una vida de oración y pobreza. Entra en la empobrecida Trapa del monasterio de Nuestra Señora de las Nieves en Siria. Pero esta vida, a pesar del famoso rigor de la vida trapense, no satisfacía su anhelo de pobreza. Siete años más tarde se le autoriza a seguir su vocación personal. Aconsejado por el Padre Huvelin, va a Nazaret, donde descubre que Jesús vivió la mayor parte de su vida como hombre pobre y trabajador. Piensa que en la vida pobre y oculta de trabajador podía encontrar el modelo de espiritualidad que anhelaba. Pide poder vivir a la puerta del convento de las Hermanas Clarisas. Construye una pequeña cabaña y se convierte en su criado. Ahora que tiene tiempo, escribe muchas meditaciones sobre el evangelio. Vive al modo de un ermitaño. En este retiro pasa unos años muy felices.
Pero en su oración experimenta más y más el afán de dar a conocer a Jesús: el afán apostólico. Su deseo de imitar a Jesús y darlo a conocer le lleva a aceptar la perspectiva del sacerdocio. Es ordenado en 1901. Para llevar el evangelio y la eucaristía a los pobres no evangelizados, regresa a Algeria. Se establece en Tamanrasset, en el Hoggar, país de los Tuaregs. Aprende su lengua, traduce el evangelio al tuareg; para ayudar a los futuros misioneros escribe el diccionario «tuareg-francés». Con el deseo de que en Francia compartan su tarea misionera, concibe la «Fraternidad» como una amplia red que uniría las buenas voluntades cristianas al servicio de los países subdesarrollados. En Tamanrasset escribe los Consejos evangélicos para la Asociación de Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, para evangelizar las colonias francesas en África. Más tarde se fundarán en Argelia hasta diez congregaciones inspiradas en su carisma.
El 1 de diciembre de 1916 muere, a los 56 años, en una emboscada delante de su ermita. Fue beatificado por Juan Pablo II en 2005. La síntesis de su heroica vida nos ayuda a comprender su itinerario y la evolución de su espiritualidad. Después de su conversión, se dedicó, con todo su ser, a Dios, a Jesucristo. Su espiritualidad se abre a los más pobres. Trabaja sobre todo entre los tuaregs. En la lógica de la Encarnación, el ideal de «ser con», «vivir entre» los pobres, será una de las características principales de su espiritualidad. Escuchando la voz de Dios, su vida y su espiritualidad evolucionan buscando una entrega más evangélica, como manifiestan claramente sus escritos.
Este es el marco de la vida y actuación de Carlos de Foucauld. He subrayado que su vida la oración ocupaba la mayor parte del tiempo; sus pensamientos, propósitos y afanes los ha transmitido en sus escritos, especialmente en sus diarios. La edición francesa de sus escritos ocupa quince tomos. El secreto de su intimidad, José Luis Vázquez Borau lo ha estudiado y nos lo presenta en El camino espiritual de Carlos de Foucauld dejando hablar al mismo Foucauld. Hemos dividido, nos dice, este breviario de textos en dos partes. En la primera se incluyen cuatro retiros de una semana cada uno, que forman el «mes de Nazaret». Los cuatro retiros semanales giran en torno a cuatro temas por semana: Nazaret, Evangelio, Eucaristía, y Evangelización, y cada día se divide en cinco partes, que corresponden a la oración de la mañana, mediodía, tarde, adoración y noche. La segunda parte: «Jornadas de Desierto», viene también expuesta en «siete días» de meditaciones. En consecuencia, la lectura meditativa de estas páginas nos sumerge en los pensamientos y sentimientos del beato Carlos de Foucauld. Nos permite ver cómo hablaba con Dios, con Jesús; cómo le habla de sus problemas, de sus dudas, de su agradecimiento y cómo aguardaba su respuesta. Parece obvio, pero he de confesar que la transparencia de su intimidad me fue emocionando. Recomiendo a los lectores la lectura de este excelente libro.
J. Aragó
Actualidad bibliográfica de Filosofía y Teología 91 (enero-junio de 2009) 92-94.
Domingo, 8 de noviembre
Editorial San Pablo
Pedro Tarquis
Francisco Margallo
Guillermo Gazanini Espinoza
Urbano Sánchez García
Julián Moreno Mestre
Rodrigo del Pozo Fernández
Asoc. Humanismo sin Credos
Francisco Baena Calvo
Siro López
Juan Fernandez Krohn