Editorial San Pablo

Una compleja vida abierta a los más pobres en identificación con Cristo pobre

02.07.09 | 08:00. Archivado en Libros

(J. Aragó, en Actualidad bibliográfica de Filosofía y Teología). La vida de Carlos de Foucauld fue realmente compleja: Nace en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858; huérfano a los seis años le cuida su hermana y su abuelo. Educado cristianamente, en 1874 pierde la fe. En 1876 entra en la escuela militar de Saint-Cyr y en 1880 es enviado como oficial a Argelia, pero fue despedido por su desordenada conducta (1881). Estudia árabe y hebreo. En 1883 emprende una expedición por el desierto de Marruecos; después exploró Argelia y Túnez (1883-1885), hizo mapas de los oasis del país y de sus montañas. Su libro sobre Marruecos recibió la medalla de oro de la Sociedad Francesa de Geografía. En 1886 tuvo una profunda experiencia de conversión: convive con los seguidores del Islam, observa su conducta y piensa: «Esta gente se toma muy en serio su religión». Dios le inspira esta oración: «Señor, si existes, que yo te conozca».
Su vida experimenta un gran cambio. En París busca al Padre Huvelin y le dice que ha perdido la fe; por toda respuesta le dice: ponte de rodillas y confiésate. Al levantarse del confesionario era un hombre nuevo: «Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otras cosa sino vivir para Él». A sugerencia del Padre Huvelin peregrina a Tierra Santa. Pasa varios meses siguiendo los pasos de Jesús por los mismos caminos que él había recorrido; decide abrazar una vida de oración y pobreza. Entra en la empobrecida Trapa del monasterio de Nuestra Señora de las Nieves en Siria. Pero esta vida, a pesar del famoso rigor de la vida trapense, no satisfacía su anhelo de pobreza. Siete años más tarde se le autoriza a seguir su vocación personal. Aconsejado por el Padre Huvelin, va a Nazaret, donde descubre que Jesús vivió la mayor parte de su vida como hombre pobre y trabajador. Piensa que en la vida pobre y oculta de trabajador podía encontrar el modelo de espiritualidad que anhelaba. Pide poder vivir a la puerta del convento de las Hermanas Clarisas. Construye una pequeña cabaña y se convierte en su criado. Ahora que tiene tiempo, escribe muchas meditaciones sobre el evangelio. Vive al modo de un ermitaño. En este retiro pasa unos años muy felices.

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