(SP). El gobierno, también en las comunidades religiosas, es una de las tareas más vulnerables a la lógica mundana. Michelina Tenace, en su libro El servicio de los superiores. Custodios de la sabiduría quisiera razonar según una lógica diferente: en el seno de la realidad sapiencial, gobernar significa pensar con la Sabiduría, es decir, participar de la visión que Dios tuvo cuando creó el mundo y nos llamó a cada uno de nosotros a la existencia. La visión de Dios coincide con la vocación de cada uno, se condensa en Cristo y vive en la Iglesia. Desde esta perspectiva, gobernar quiere decir servir a la salvación, obrar de modo que esta pueda realizarse y alcanzar a las personas que le son confiadas. La rica tradición de la Iglesia indica varias fisonomías posibles para esta figura, debido a la complejidad de los carismas. Hoy, la teología trinitaria nos ayuda a comprender mejor su fundamento cristológico y pneumatológico y a sacar de ella mayor fruto.
Michelina Tenace es miembro permanente del Centro Aletti y profesora en la Universidad Gregoriana. Tras una formación literaria, filosófica y teológica, se ha dedicado a los temas y a los autores del Oriente cristiano, sobre los que ha publicado en su país varias obras.
(Jesús Ortiz López, en Palabra). Mons. Gianfranco Ravasi ofrece en Los rostros de la Biblia una galería de retratos de la Biblia, personas más o menos conocidas, pero todas interesantes como instrumentos libres en las manos de Dios. Desfilan por estas páginas unos doscientos actores: santos, patriarcas y profetas, sabios y pecadores, héroes y apóstoles. Forman una serie heterogénea de rostros bíblicos, no en orden histórico sino por su aparición en la liturgia de la Palabra a lo largo de los ciclos A, B y C. El subtítulo dice que son comentarios a las lecturas dominicales, incluyendo fiestas y solemnidades.
Este libro se transforma en una especie de historia sagrada contemplada desde los actores humanos que sirven a Dios. No todos son santos, pues los hay crueles, criminales, idólatras y renegados, aunque lógicamente predominan los hombres y mujeres de fe que buscaron hacer la voluntad de Dios, vidas ejemplares que enseñan a amar y a rectificar, a convertirse, en una palabra.
El autor está familiarizado con la exégesis bíblica y hace oportunas precisiones terminológicas, históricas o artísticas que muestran también al prefecto del Pontificio Consejo para la Cultura. Advierte que la mayor parte de estos retratos fueron publicados en medios católicos, siguiendo así un dilatado proceso de elaboración que los hace más valiosos. Aporta sugerencias, datos y sucesos para adentrarse en la liurgia de la Palabra de la Misa, aunque reconociendo que no se trata propiamente de homilías que puedan utilizarse sin más preparación. Naturalmente, ofrece interesantes enseñanzas, pero no hace propuestas concretas de aplicación a los fieles que participan en la Eucaristía. En suma, Mons. Ravasi ha logrado una forma interesante y atrayente de unir Biblia y lituria, utilizando un lenguaje sencillo y cordial.
Jesús López Ortiz
Revista Palabra 544 (febrero de 2009)
Sábado, 2 de junio
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