Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

Epifanía del Señor o manifestación de la divinidad y realeza del Hombre-Dios.

07.01.11 | 09:01. Archivado en Tiempos Fuertes, Navidad

Hoy es un día especial, día en el que Dios marca en cada una de nuestras vidas el camino e itinerario a seguir, la estrella epifánica puede aplicarse a nuestras vidas como una señal, una llamada a unirnos a un estilo de vida que va a cambiar el sino de todos aquellos que quieran acoger el mensaje de Jesús, como dirá San Juan "La luz brilla en la tiniebla y la tiniebla no la recibió.

El testimonio del momento más importante y trascendente en la vida de los magos nos deja una hoja de ruta para toda persona que sienta una llamada y quiera ponerse a andar el camino del Espíritu. Los magos obedecen con docilidad, humildad y prontitud las indicaciones de las mociones interiores de la gracia de Dios y de una estrella que, mas allá del plano físico, brilla en su corazón. Siguen su ruta a través de dificultades y obstáculos. Y como recompensa y fruto de la perseverancia, del no apartarse de la luz de Dios llegan a gozar la dicha de ver a Jesús. A nosotros en el día a día no estamos faltos de una estrella tenemos de forma constante la fe, que debemos cuidad, las mociones y las iluminaciones de la gracia, si seguimos impávidos sus orientaciones encontraremos a Jesús con todos sus consuelos, le veremos como Dios y Rey.

En el camino hacia el Jesús, Dios dispone a los judíos para que estos le sirvan a los magos de atlas, ilustrándolos en la cuestión del Mesías, los judíos declaran a los magos las profecías que indican el lugar del nacimiento, los magos en cambio señalan a los judíos el hecho revelado por la estrella. Pero los judíos depositarios de la revelación y los primeros llamados se quedan en sus casas, en sus madrigueras, sin ver al infante. Los magos se aprovechan de la providencia divina revestida en esta ocasión en la figura del judío sabio para la ejecución de sus designios. Para los hombres de buena voluntad todo coopera al bien.

Momento más difícil en el itinerario hacia Dios , Herodes llama en secreto a los magos, Herodes oculta sus planes de forma cuidadosa, no olvida ninguno de los factores que pueden llevarle al conocimiento de Jesús y matarle. Dios, como en tantas ocasiones, acude a medios extraordinarios de su providencia para vencer el esfuerzo humano. Jesús vivirá y será bendecido por toda la humanidad .

Y llega el momento culmen, la recompensa a la perseverancia y la constancia, Como los magos debemos humillarnos profundamente ante Jesús y ofrecerle no dones materiales como hicieron los magos sino los dones espirituales que se nos han sido entregados o mejor dicho el Don mas preciado que se nos ha hecho entrega, la vida, para que Él nos indique lo que debemos hacer en cada momento.

"Se volvieron a su tierra por otro camino" los magos han sufrido un cambio, ellos no lo manifiestan pero saben que nada va a ser igual, sus vidas desde el momento en el que pusieron su confianza en Dios saliendo de sus casas siguiendo el camino de la estrella y culminándose con el encuentro del mesías han cambiado. Vuelven por otro camino, como dice Crisóstomo, no es posible que los que han ido a Cristo vuelvan por herodes. Porque los que dejando a Cristo van al diablo por el pecado, deben volver a cristo por la penitencia. Quien estuvo en la inocencia mientras no supo lo que era el mal fácilmente pudo ser engañado pero cuando experimentó lo que era el mal que halló y recordó el bien que había perdido se vuelve a Dios compungido. Pero quien dejando el pecado viene a Cristo difícilmente vuelve al diablo, porque mientras se goza en los bienes que en Él halló y recuerda los males de que se escapó difícilmente vuelve al mal.

Que el Señor nos bendiga.

Bernado da Quintavalle. OFS.


01 de Enero de 2011, Año Nuevo

02.01.11 | 15:14. Archivado en Actualidad, Tiempos Fuertes, Navidad

Ya ha llegado. El calendario nos dice que hemos llegado al día 31 de Diciembre de este año 2010.

Es bueno sentarse un momento delante del santísimo y hacer recuento de todo aquello que hemos pasado.

Nos han ocurrido cosas negativas pero también muchas cosas positivas.

Es el momento de valorar y meditar, agradecerle al Señor todo aquello que nos ha ido bien, por lo que hemos sentido gran alegría y felicidad, agradecerle también al Señor por todo lo no tan bueno. Sobre todo de esas cosas se pueden sacar muy buenas lecturas.

Aprendemos de nuestras caídas, de nuestras debilidades.

Alguien me dijo que vivimos una espiritualidad algo limitada. Nos basta con cumplir con nuestras obligaciones como cristianos y nos sentimos contentos.

Soy buen cristiano, intento no pecar, no matar, no robar etc…

A Jesús esto no le basta. Él siempre es más. Hay que compartir, hay que defender la vida, hay que intentar no hacer daño al hermano.

El día 25 de Diciembre nació el AMOR con mayúsculas. Que bonito sería empezar con ese Amor en nuestros corazones, acompañados, también por María, madre de Dios y madre nuestra. María nos pide oración continuamente en sus mensajes.

A través de la oración conseguimos una unión con Jesús. Ella es nuestro modelo a seguir, es la que nos llama a que nos postremos, en la noche, ante el Santísimo y entremos en amigable charla con su hijo, al que nos dirige su madre y nos invita constantemente a ponerlo en el centro de nuestras vidas, para que todo este Amor desbordante que él sintió por todos nosotros llegue a nuestro corazón y los transforme para poder tener la paz verdadera, ésta que no proviene de las cosas materiales sino que procede de lo trascendente, de Dios. Esta paz que recibimos es la que nos permitirá vivir el mensaje del día 25 de Diciembre de 1994, dado por la virgen de Medjugorje y que ayer noche me regaló cuando hacía oración.

“Queridos hijos. Hoy gozo y oro con vosotros por la paz. Paz en vuestros corazones, paz en vuestras familias, paz en vuestros deseos y paz en todo el mundo. Que hoy el Rey de la paz os bendiga y os de la paz. Yo os bendigo y os llevo a cada uno de vosotros en mi corazón. Gracias por haber respondido a mi llamada.”

PAZ Y BIEN.

Clara de Asís, OFS.


Día 24 de Diciembre de 2010, Nochebuena.

25.12.10 | 19:22. Archivado en Tiempos Fuertes, Navidad

“No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor” (Lc. 2, 10-11)

Este debe ser el anuncio de todo cristiano esta Noche Santa, al igual que hizo Juan Pablo II: “¡No temáis, abrid de par en par las puertas a Cristo!”

Tal vez la respuesta de muchos sería: este niño que vosotros anunciáis nació ya hace más de 2.000 años.

Sí, Jesús, el Cristo Señor, se hizo hombre, se hizo uno de nosotros, ya hace más de 2.000 años, pero año tras año está buscando nacer en aquella alma que quiera abrirle y darle cobijo, y por eso nosotros anunciamos: ¡NO TEMAIS! ¡ABRID LAS PUERTAS A CRISTO!

Porque se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres (Tt 2, 11), sin excepción, Él llama a todos, Él quiere nacer y morar en todos los hombres.

María, portadora de LUZ y de ESPERANZA, es la encargada de llamar una y otra vez a nuestro corazón. Ella lleva en su seno al Hijo de Dios. Ella es la que toca las puertas de nuestra alma para pedirnos: ¿Puedo hospedarme esta noche en tu casa para dar a luz a mi Hijo?

Si supiéramos reconocer su voz, si hiciéramos el esfuerzo de preparar nuestra alma para esta Gran Noche, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, viviendo con sensatez, justicia y piedad en el tiempo presente (Tt 2,12), exclamaríamos: ¿quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme? (Lc 1, 43)

Aun estamos a tiempo para preparar nuestra alma, PONGÁMONOS EN MANOS DE MARÍA:

María, tú has llamado pidiendo poder entrar en mi casa esta noche, para dar a luz a tu Hijo.
Mira: No tengo más que esta pobre cueva que es mi alma, llena de imperfecciones y pecados. Sin luz, fría.
Igual que hiciste en Belén, para preparar la llegada de tu Hijo, limpia tú mi alma, ordena todo este desbarajuste, prepara un sitio para mi Señor, enciende una lumbre para que sea un lugar cálido para vosotros. Pero hazlo tú, Madre, enséñame que es lo que puedo hacer para ayudarte a prepararlo todo en mi interior para su llegada.
Te dejo hospedarte en mi corazón. Te dejo dar a luz a tu Hijo en mi alma.
A cambio solo te pido que seas tú la encargada de preparar este pobre lugar para tu Hijo.
Y cuando llegue el momento y El nazca, se tú, Madre, la que me lo entregues, la que lo dejes entre mis brazos para que pueda besarlo, amarlo, darle calor y adorarlo.
Y solo me queda darte las gracias, María, y FELICITARTE en esta GRAN NOCHE, pues cuando lo tenga entre mis brazos no tan solo lo alabaré y adoraré, sino que inevitablemente, mirándote a ti, María, podré decir con todas mis fuerzas:
AVE MARIA, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO. BENDITA TU ERES ENTRE TODAS LAS MUJERES Y BENDITO ES EL FRUTO DE TU VIENTRE, JESÚS.

Iluminada de Pisa, OFS.


Una Navidad muy especial

24.12.09 | 09:37. Archivado en Tiempos Fuertes, Navidad

En Mallorca, en la Misa del Gallo, es tradición el canto de la "sibil.la". La web del "Consell de Mallorca" la explica así:

"El cant de la Sibil·la (canto de la Sibila) fue una de las dramatizaciones medievales del ciclo de Navidad que más arraigaron en la península y, sobre todo, en Cataluña, desde donde llegó a Mallorca tras la Conquista de Jaime I. Este canto, del que se conservan diferentes manuscritos del siglo X (Ripoll, Córdoba) pertenecientes a la liturgia mozárabe, se representó por toda la península con más o menos continuidad hasta las prohibiciones surgidas del Concilio de Trento.

Después de estas prohibiciones, el canto de la Sibila sólo ha pervivido, por su gran popularidad, en Mallorca y en la seo de Alguer, y se ha convertido en uno de los pocos ejemplos aún vivos de las expresiones folclórico-religiosas de origen medieval".

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Esta noche es fiesta.

05.01.09 | 19:58. Archivado en Tiempos Fuertes, Navidad

Sí, porque celebramos que vienen los Reyes. Más allá de una ilusión infantil, es un hecho del que podemos extraer gran significado teológico y espiritual.

Los Reyes le portaron al Niño dones, materiales a la vez que muy simbólicos. No entraré en esto, sino que me conformo, por ahora, en observar el hecho de que todos los pueblos rindieron homenaje a Jesús. Los romanos, como dice José en Jesús de Nazaret: "incluso Augusto obedece a Dios"; los judíos, los más sencillos, cuando acuden a adorarlo, movidos por el anuncio del Ángel; los paganos, representados en los Reyes, seguramente dos años después del Nacimiento del Niño.

A nosotros nos pueden traer, aun hoy, dones espirituales. Los veo como a tres santos, que pueden interceder como cualquier santo por nosotros ante Dios, y procurarnos algún regalillo para el alma. Sí, su figura de gente que reparte regalos ha quedado ya para todas las generaciones y todas las épocas, y nadie les quitará ya este "san Benito". Así que podemos aprovechar, y que en esta noche santa nos traigan lo que Dios más sabe que nos conviene para nuestro crecimiento espiritual y, por ende, para nuestra Salvación.

PACE BENE.


El Niño, el Niño, el Niño

24.12.08 | 18:21. Archivado en Tiempos Fuertes, Navidad

La suprema aspiración de Francisco, su más vivo deseo y su más elevado propósito, era observar en todo y siempre el santo Evangelio y seguir la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y sus pasos con suma atención, con todo cuidado, con todo el anhelo de su mente, con todo el fervor de su corazón. En asidua meditación recordaba sus palabras y con agudísima consideración repasaba sus obras. Tenía tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión, que difícilmente quería pensar en otra cosa.

Digno de recuerdo y de celebrarlo con piadosa memoria es lo que hizo tres años antes de su gloriosa muerte, cerca de Greccio, el día de la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Vivía en aquella comarca un hombre, de nombre Juan, de buena fama y de mejor tenor de vida, a quien el bienaventurado Francisco amaba con amor singular, pues, siendo de noble familia y muy honorable, despreciaba la nobleza de la sangre y aspiraba a la nobleza del espíritu. Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco le llamó, como solía hacerlo con frecuencia, y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos (28) lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno». En oyendo esto el hombre bueno y fiel, corrió presto y preparó en el lugar señalado cuanto el Santo le había indicado.

Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años. Llegó, en fin, el santo de Dios y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno. Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad, y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales. Llega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría. El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre y el sacerdote goza de singular consolación.

El santo de Dios viste los ornamentos de diácono, pues lo era, y con voz sonora canta el santo evangelio. Su voz potente y dulce, su voz clara y bien timbrada, invita a todos a los premios supremos. Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel. Muchas veces, al querer mencionar a Cristo Jesús, encendido en amor, le dice «el Niño de Bethleem», y, pronunciando «Bethleem» como oveja que bala, su boca se llena de voz; más aún, de tierna afección. Cuando le llamaba «niño de Bethleem» o «Jesús», se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara en su paladar la dulzura de estas palabras.

Se multiplicaban allí los dones del Omnipotente; un varón virtuoso tiene una admirable visión. Había un niño que, exánime, estaba recostado en el pesebre; se acerca el santo de Dios y lo despierta como de un sopor de sueño. No carece esta visión de sentido, puesto que el niño Jesús, sepultado en el olvido en muchos corazones, resucitó por su gracia, por medio de su siervo Francisco, y su imagen quedó grabada en los corazones enamorados. Terminada la solemne vigilia, todos retornaron a su casa colmados de alegría.

Se conserva el heno colocado sobre el pesebre, para que, como el Señor multiplicó su santa misericordia, por su medio se curen jumentos y otros animales. Y así sucedió en efecto: muchos animales de la región circunvecina que sufrían diversas enfermedades, comiendo de este heno, curaron de sus dolencias. Más aún, mujeres con partos largos y dolorosos, colocando encima de ellas un poco de heno, dan a luz felizmente. Y lo mismo acaece con personas de ambos sexos: con tal medio obtienen la curación de diversos males.

El lugar del pesebre fue luego consagrado en templo del Señor: en honor del beatísimo padre Francisco se construyó sobre el pesebre un altar y se dedicó una iglesia, para que, donde en otro tiempo los animales pacieron el pienso de paja, allí coman los hombres de continuo, para salud de su alma y de su cuerpo, la carne del Cordero inmaculado e incontaminado, Jesucristo, Señor nuestro, quien se nos dio a sí mismo con sumo e inefable amor y que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo y es Dios eternamente glorioso por todos los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Aleluya. (1 Cel 84-87).

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