05.11.09 @ 15:46:36. Archivado en Oración
"Convertía todo su tiempo en ocio santo": o dicho de otro modo, su ocio, sus ratos de recreación y solaz eran los que estaban llenos de oración. Francisco trabajaba con sus manos, y enseñaba a los demás que así debían hacerlo. Pero su "hobbie" era la oración, o sea, estar con Dios o, como dice Celano más abajo, en el texto: "respondía al Juez, oraba al Padre, conversaba con el Amigo, se deleitaba con el Esposo".
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27.10.09 @ 15:43:25. Archivado en Oración
Pues bien, teniendo claro Quién debe ser el Centro de toda vida espiritual que se precie, creo que se puede entender mejor este pasaje de "Sacrum Commercium".
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26.10.09 @ 20:53:15. Archivado en Oración
Elogio de los auténticos pobres.
Bien es verdad que -pasado cierto tiempo- unos cuantos comenzaron a reaccionar y se pusieron a caminar voluntariamente por la senda recta, que en tiempos anteriores recorrieron algunos obligados por la necesidad. Todos éstos vinieron suplicándome insistentemente con muchos ruegos y lágrimas que ajustara con ellos un tratado de paz perpetua y que compartiese su compañía, de la misma forma que la compartí antes en los días de mi adolescencia, cuando estaba conmigo el Todopoderoso y me rodeaban mis hijos. Fueron éstos -mientras permanecieron en carne mortal- hombres de acendrada virtud, gente de paz, irreprochables ante Dios, perseverantes en el amor fraterno, pobres en el espíritu, faltos de bienes temporales, pero ricos en santidad de vida; colmados de dones y carismas celestiales, fervorosos de espíritu, alegres en la esperanza, sufridos en la tribulación, mansos y humildes de corazón, que conservaban la paz interior, la armonía en las costumbres, la concordia mutua y una gozosa comunión de vida.
»En fin, eran varones del todo consagrados a Dios, gratos a los ángeles, amables a los hombres, rigurosos para consigo mismos, indulgentes para con los demás, religiosos en todo su proceder, modestos en su porte, alegres en el semblante, graves en su interior, humildes en la prosperidad, magnánimos en la adversidad, sobrios en la mesa, pobrísimos en su vestir, muy parcos en el sueño, respetuosos y timoratos. En una palabra: resplandecían por el brillo de todas las virtudes. Mi alma estaba íntimamente unida a ellos y no había entre nosotros más que un solo espíritu y una sola fe.
(Sacrum Commercium, 37).
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13.10.09 @ 15:44:49. Archivado en Oración

Entras en cualquier iglesia de la ciudad en la que estén rezando el Rosario, y te preguntas cómo es posible que la gente pueda darse tanta prisa (podamos, me incluyo).
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09.09.09 @ 18:35:08. Archivado en Oración

Creo firmemente, y no lo creo yo solo, que si algo hay con fuerza para cambiar el mundo, es la oración. No me refiero tanto a las oraciones de piedad, recitadas, que también (sobre todo el Rosario, que tanto pide la Virgen que se rece).
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28.07.09 @ 15:42:58. Archivado en Oración

Las biografías y testimonios, tanto de Francisco como de Clara, relatan más de una vez cómo ambos santos y sus hermanos y hermanas, al orar, lo hacían con abundantes y copiosas lágrimas. Muchas veces me he preguntado a qué podía deberse, es decir, ¿por qué llorar tanto cuando estás con el Señor? ¿A qué responden los lloros? ¿Son de pena, de arrepentimiento, de desolación, de tristeza? Sin embargo, con el tiempo y meditándolo pienso que las lágrimas, sobre todo, ayudan a purificar el alma. En efecto, el que se encuentra con Jesús y experimenta la fuerza de su Luz y de su Amor constata también una purificación, que el torrente de la presencia de Jesús opera por si mismo, de la misma forma que el sol, por si solo, calienta e ilumina. Trasciende por completo todo sentimentalismo, o cualquier forma de expresar tristeza. Se puede llorar en la oración, pero llorar por la oración es distinto. Algo así ocurre: cuando el alma, puesta tal cual es ante Dios, experimenta su Santidad, es purificada, como si el polvillo que arrastra fuera limpiado por una luz abrasadora, llevando a las lágrimas, expresión externa de lo que sucede en el interior de la persona. Son por tanto reflejo de una purificación, de un vértigo total ante la Santidad Total del Altísimo, a la vez que de una dicha irrefenable, de un gozo que sólo el que lo experimenta sabe balbucir palabras. Y, acompañadas de Caridad y frutos dignos de penitencia, como diría Francisco, son garantía de una oración auténtica, bañada en la Gracia, que por lo menos vislumbra de Dios un poco más de lo que a veces solemos pensar.
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21.07.09 @ 15:46:13. Archivado en Oración

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: -«Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo». Pero él contestó al que le avisaba: -«¿Quién es mí madre y quiénes son mis hermanos?». Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo: -«Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre». (Mateo 12, 46-50).
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20.07.09 @ 15:34:46. Archivado en Oración
Una persona consagrada no es una persona que esté sola, no señor. No, porque, para empezar, consagrarse al Señor es casarse con Él, uniéndosele en un vínculo indisoluble y, por ende, eterno, permanente más allá de la muerte física.
En eso diferimos seguramente los consagrados de, por ejemplo, los sacerdotes. Éstos, si bien se entregan por completo al Señor, no lo hacen de la misma forma, ni con los mismos lazos. A veces me han dicho: "¡pero hombre, apunta más alto, hazte sacerdote!". No lo comparto, ni mucho menos, porque, como digo, un sacerdote se une al Señor de forma distinta: con promesas, no con votos; en un ejercicio ministerial concreto, no en el efluvio espiritual de un carisma.
¿Es por ello inferior? No, es distinto. A un consagrado se le pide que encarne a Cristo en su vida. A un sacerdote se le pide que sea eso, un mediador entre Dios y los hombres por los Sacramentos. Cierto que tienen un gran privilegio, que Francisco siempre admiró: la Consagración, es decir, Jesús mismo que desciende a sus manos en el altar. Es un don suyo particularísimo, una Gracia excelsa. Pero ni su status es superior al de un laico, un casado o un consagrado, ni tampoco inferior. Son caminos distintos, diversas formas de buscar a Dios. Distintos caminos que van a parar al mismo punto.
Y un consagrado, casado con Dios, halla en la oración - sobre todo si es ante el Sagrario - ese gozo que da la intimidad serena con el Amado. La misma que halla el esposo con su esposa, sin duda. Pero el Amado es aquí un Esposo Eterno, Ilimitado, Dulce, Santo, Inmaculado. Qué suerte poder consagrarse a Dios.
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19.12.08 @ 19:56:37. Archivado en Oración
Cuando digo "vacila mi pie", tu Amor, o Yahveh, me sostiene; en el colmo de mis cuitas interiores, tus consuelos recrean mi alma (Sal 94, 18s.). Estas palabras del salmista expresan la convicción de Israel de que el gozo que pueda disfrutar el pecador en la tierra es efímero, y de que el justo, a pesar de las tribulaciones, goza de la paz de Dios.
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