...sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
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En la Celebración del Oficio de Jueves Santo, después de comulgar, he podido meditar lo que significa la Eucaristía para nosotros, y cómo da cumplimiento a los deseos y Palabras de Jesús.
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...aquella misma mañana vio bajar del cielo un serafín con seis alas de fuego resplandecientes. El serafín se acercó a San Francisco en raudo vuelo tan próximo, que él podía observarlo bien: vio claramente que presentaba la imagen de un hombre crucificado y que las alas estaban dispuestas de tal manera, que dos de ellas se extendían sobre la cabeza, dos se desplegaban para volar y las otras dos cubrían todo el cuerpo.
Ante tal visión, San Francisco quedó fuertemente turbado, al mismo tiempo que lleno de alegría, mezclada de dolor y de admiración. Sentía grandísima alegría ante el gracioso aspecto de Cristo, que se le aparecía con tanta familiaridad y que le miraba tan amorosamente; pero, por otro lado, al verlo clavado en la cruz, experimentaba desmedido dolor de compasión. Luego, no cabía de admiración ante una visión tan estupenda e insólita, pues sabía muy bien que la debilidad de la pasión no dice bien con la inmortalidad de un espíritu seráfico. Absorto en esta admiración, le reveló el que se le aparecía que, por disposición divina, le era mostrada la visión en aquella forma para que entendiese que no por martirio corporal, sino por incendio espiritual, había de quedar él totalmente transformado en expresa semejanza de Cristo crucificado (4).
Durante esta admirable aparición parecía que todo el monte Alverna estuviera ardiendo entre llamas resplandecientes, que iluminaban todos los montes y los valles del contorno como si el sol brillara sobre la tierra. Así, los pastores que velaban en aquella comarca, al ver el monte en llamas y semejante resplandor en torno, tuvieron muchísimo miedo, como ellos lo refirieron después a los hermanos, y afirmaban que aquella llama había permanecido sobre el monte Alverna una hora o más. Asimismo, al resplandor de esa luz, que penetraba por las ventanas de las casas de la comarca, algunos arrieros que iban a la Romaña se levantaron, creyendo que ya había salido el sol, ensillaron y cargaron sus bestias, y, cuando ya iban de camino, vieron que desaparecía dicha luz y nacía el sol natural.
En esa aparición seráfica, Cristo, que era quien se aparecía, habló a San Francisco de ciertas cosas secretas y sublimes, que San Francisco jamás quiso manifestar a nadie en vida, pero después de su muerte las reveló, como se verá más adelante. Y las palabras fueron éstas:
-- ¿Sabes tú -dijo Cristo- lo que yo he hecho? Te he hecho el don de las llagas, que son las señales de mi pasión, para que tú seas mi portaestandarte (5). Y así como yo el día de mi muerte bajé al limbo y saqué de él a todas las almas que encontré allí en virtud de estas mis llagas, de la misma manera te concedo que cada año, el día de tu muerte, vayas al purgatorio y saques de él, por la virtud de tus llagas, a todas las almas que encuentres allí de tus tres Ordenes, o sea, de los menores, de las monjas y de los continentes (6), y también las de otros que hayan sido muy devotos tuyos, y las lleves a la gloria del paraíso, a fin de que seas conforme a mí en la muerte como lo has sido en la vida.
Cuando desapareció esta visión admirable, después de largo espacio de tiempo y de secreto coloquio, dejó en el corazón de San Francisco un ardor desbordante y una llama de amor divino, y en su carne, la maravillosa imagen y huella de la pasión de Cristo. Porque al punto comenzaron a aparecer en las manos y en los pies de San Francisco las señales de los clavos, de la misma manera que él las había visto en el cuerpo de Jesús crucificado, que se le apareció bajo la figura de un serafín. Sus manos y sus pies aparecían, en efecto, clavados en la mitad con clavos, cuyas cabezas, sobresaliendo de la piel, se hallaban en las palmas de las manos y en los empeines de los pies, y cuyas puntas asomaban en el dorso de las manos y en las plantas de los pies, retorcidas y remachadas de tal forma, que por debajo del remache, que sobresalía todo de la carne, se hubiera podido introducir fácilmente el dedo de la mano, como en un anillo. Las cabezas de los clavos eran redondas y negras.
Asimismo, en el costado derecho aparecía una herida de lanza, sin cicatrizar, roja y ensangrentada, que más tarde echaba con frecuencia sangre del santo pecho de San Francisco, ensangrentándole la túnica y los calzones. Lo advirtieron los compañeros antes de saberlo de él mismo, observando cómo no descubría las manos ni los pies y que no podía asentar en tierra las plantas de los pies, y cuando, al lavarle la túnica y los calzones, los hallaban ensangrentados; llegaron, pues, a convencerse de que en las manos, en los pies y en el costado llevaba claramente impresa la imagen y la semejanza de Cristo crucificado.
Es un buen texto para meditar esta Semana Santa, en que recordamos cómo nuestro Amado Jesucristo sufrió por nosotros. ¿Qué mayor deseo podemos tener que no sea ser como Él? Francisco fue otro Cristo, el mismo Cristo, han señalado ya algunos. Fue un Don, pero todos estamos llamados a ser como Nuestro Señor Jesucristo, "el cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: "Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros". Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo: "Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía".
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05.04.09 @ 10:46:20. Archivado en Tiempos Fuertes
1Santo, santo, santo Señor Dios omnipotente, el que es y el que era y el que ha de venir (cf. Ap 4,8):
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
2Digno eres, Señor Dios nuestro, de recibir la alabanza, la gloria y el honor y la bendición (cf. Ap 4,11):
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
3Digno es el cordero, que ha sido degollado, de recibir el poder y la divinidad y la sabiduría y la fortaleza y el honor y la gloria y la bendición (Ap 5,12):
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
4Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo:
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
5Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor (Dan 3,57):
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
6Alabad a nuestro Dios, todos sus siervos y los que teméis a Dios, pequeños y grandes (cf. Ap 19,5):
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
7Los cielos y la tierra alábenlo a él que es glorioso (cf. Sal 68,35; Sal Rom):
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
8Y toda criatura que hay en el cielo y sobre la tierra, y las que hay debajo de la tierra y del mar, y las que hay en él (cf. Ap 5,13):
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
9Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo:
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
10Como era en el principio y ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
11Oración: Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, todo bien, sumo bien, total bien, que eres el solo bueno (cf. Lc 18,19), a ti te ofrezcamos toda alabanza, toda gloria, toda gracia, todo honor, toda bendición y todos los bienes. Hágase. Hágase. Amén.
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Hoy empezamos Cuaresma, con un día tan significativo como es el Miércoles de Ceniza. Año tras año, al empezar este Tiempo Litúrgico de Penitencia, Oración y Meditación, la Iglesia marca el principio del camino con un día de ayuno y abstinencia.
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En poco menos de una semana empezamos Cuaresma. Es tiempo propicio no sólo para meditar, hacer examen de conciencia y prepararse para Pascua, sino también para comprender y acercarse más a la Pasión, eje vertebrador y motivo fundante de la Cristiandad.
Pero no acercarse a la Pasión desde una perspectiva exegética o histórico-bíblica (que también, y es muy conveniente). Se trata de acercarse a la figura de Jesús sufriente, el mismo que "Pobre y Crucificado" le bastaba a Francisco.
Fue el Poverello el que compuso el "Oficio de la Pasión", que nos servirá para meditar no sólo la figura de Jesús sufriente, sino para comprender el Amor de Francisco a su Señor, y cómo y por qué lloraba recordando la Pasión.
Es sólo un ayudarse del texto. A partir de aquí, cada cual andará el camino espiritual y devocional que el Espíritu le conceda.
El Oficio empieza con las Completas del Jueves Santo, «Porque en esa noche fue traicionado y apresado nuestro Señor Jesucristo». Ciertamente queda mucho para el Jueves Santo, pero la Cuaresma sólo es posible vivirla en profundidad con el Triduo Pascual como motivo y horizonte.
Salmo I
Oh Dios, te conté mi vida, * y tú pusiste mis lágrimas en tu presencia.
Todos mis enemigos tramaban males contra mí, * y juntos celebraron consejo.
Y me devolvieron mal por bien, * y odio por mi amor.
En lugar de amarme, me criticaban, * pero yo oraba.
Padre santo mío, rey del cielo y de la tierra, no te alejes de mí, * porque la tribulación está cerca y no hay quien me ayude.
Retrocedan mis enemigos * el día en que te invoque; así conoceré que tú eres mi Dios.
Mis amigos y mis compañeros se acercaron y se quedaron en pie frente a mí, * y mis allegados se quedaron lejos de pie.
Alejaste de mí a mis conocidos, * me consideraron como abominación para ellos, fui traicionado y no huía.
Padre santo, no alejes tu auxilio de mí; * Dios mío, atiende a mi auxilio.
Ven en mi ayuda, * Señor, Dios de mi salvación.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Sí, porque celebramos que vienen los Reyes. Más allá de una ilusión infantil, es un hecho del que podemos extraer gran significado teológico y espiritual.
Los Reyes le portaron al Niño dones, materiales a la vez que muy simbólicos. No entraré en esto, sino que me conformo, por ahora, en observar el hecho de que todos los pueblos rindieron homenaje a Jesús. Los romanos, como dice José en Jesús de Nazaret: "incluso Augusto obedece a Dios"; los judíos, los más sencillos, cuando acuden a adorarlo, movidos por el anuncio del Ángel; los paganos, representados en los Reyes, seguramente dos años después del Nacimiento del Niño.
A nosotros nos pueden traer, aun hoy, dones espirituales. Los veo como a tres santos, que pueden interceder como cualquier santo por nosotros ante Dios, y procurarnos algún regalillo para el alma. Sí, su figura de gente que reparte regalos ha quedado ya para todas las generaciones y todas las épocas, y nadie les quitará ya este "san Benito". Así que podemos aprovechar, y que en esta noche santa nos traigan lo que Dios más sabe que nos conviene para nuestro crecimiento espiritual y, por ende, para nuestra Salvación.
PACE BENE.
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La suprema aspiración de Francisco, su más vivo deseo y su más elevado propósito, era observar en todo y siempre el santo Evangelio y seguir la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y sus pasos con suma atención, con todo cuidado, con todo el anhelo de su mente, con todo el fervor de su corazón. En asidua meditación recordaba sus palabras y con agudísima consideración repasaba sus obras. Tenía tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión, que difícilmente quería pensar en otra cosa.
Digno de recuerdo y de celebrarlo con piadosa memoria es lo que hizo tres años antes de su gloriosa muerte, cerca de Greccio, el día de la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Vivía en aquella comarca un hombre, de nombre Juan, de buena fama y de mejor tenor de vida, a quien el bienaventurado Francisco amaba con amor singular, pues, siendo de noble familia y muy honorable, despreciaba la nobleza de la sangre y aspiraba a la nobleza del espíritu. Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco le llamó, como solía hacerlo con frecuencia, y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos (28) lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno». En oyendo esto el hombre bueno y fiel, corrió presto y preparó en el lugar señalado cuanto el Santo le había indicado.
Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años. Llegó, en fin, el santo de Dios y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno. Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad, y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales. Llega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría. El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre y el sacerdote goza de singular consolación.
El santo de Dios viste los ornamentos de diácono, pues lo era, y con voz sonora canta el santo evangelio. Su voz potente y dulce, su voz clara y bien timbrada, invita a todos a los premios supremos. Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel. Muchas veces, al querer mencionar a Cristo Jesús, encendido en amor, le dice «el Niño de Bethleem», y, pronunciando «Bethleem» como oveja que bala, su boca se llena de voz; más aún, de tierna afección. Cuando le llamaba «niño de Bethleem» o «Jesús», se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara en su paladar la dulzura de estas palabras.
Se multiplicaban allí los dones del Omnipotente; un varón virtuoso tiene una admirable visión. Había un niño que, exánime, estaba recostado en el pesebre; se acerca el santo de Dios y lo despierta como de un sopor de sueño. No carece esta visión de sentido, puesto que el niño Jesús, sepultado en el olvido en muchos corazones, resucitó por su gracia, por medio de su siervo Francisco, y su imagen quedó grabada en los corazones enamorados. Terminada la solemne vigilia, todos retornaron a su casa colmados de alegría.
Se conserva el heno colocado sobre el pesebre, para que, como el Señor multiplicó su santa misericordia, por su medio se curen jumentos y otros animales. Y así sucedió en efecto: muchos animales de la región circunvecina que sufrían diversas enfermedades, comiendo de este heno, curaron de sus dolencias. Más aún, mujeres con partos largos y dolorosos, colocando encima de ellas un poco de heno, dan a luz felizmente. Y lo mismo acaece con personas de ambos sexos: con tal medio obtienen la curación de diversos males.
El lugar del pesebre fue luego consagrado en templo del Señor: en honor del beatísimo padre Francisco se construyó sobre el pesebre un altar y se dedicó una iglesia, para que, donde en otro tiempo los animales pacieron el pienso de paja, allí coman los hombres de continuo, para salud de su alma y de su cuerpo, la carne del Cordero inmaculado e incontaminado, Jesucristo, Señor nuestro, quien se nos dio a sí mismo con sumo e inefable amor y que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo y es Dios eternamente glorioso por todos los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Aleluya. (1 Cel 84-87).
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Hoy se ha celebrado el Sorteo de Navidad. Se ha repartido, sin duda, mucha alegría. Mucha gente ha visto solucionados sus problemas económicos, otros han recibido un pellizco, y otros un pellizquito, como un servidor, al que le han tocado 45 € (estupendo, si no, no pasaba nada, la verdad).
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07.12.08 @ 18:03:56. Archivado en Tiempos Fuertes
Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Según lo que está escrito en Isaías, el profeta: "Mira que envío delante de Ti a mi mensajero, el cual preparará tu camino". "Voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas". Estuvo Juan el Bautista bautizando en el desierto, y predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados. Y todos iban a él de toda la tierra de Judea y de Jerusalén y se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan estaba vestido de pelos de camello y llevaba un ceñidor de cuero alrededor de sus lomos. Y predicaba así: "Viene en pos de mí el que es más poderoso que yo, delante del cual yo no soy digno ni aun de inclinarme para desatar la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo".
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30.11.08 @ 13:13:08. Archivado en Tiempos Fuertes
Sí, y Gracias a Dios. Me encanta la Navidad. Es un tiempo de meditación, de recogimiento, de descubrir que todos quisiéramos poder ir al Portal y ver a María, a José, al Niño, a aquellos pastores sorprendidos y estupefactos.
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