Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

El valor de la comunidad cristiana.

04.09.11 | 11:25. Archivado en Evangelio

El Evangelio de hoy nos dice muchas cosas en lo que respecta a la vida comunitaria. Es como una regla o forma de vida para las comunidades de cristianos que se irán formando alrededor de la Eucaristía, memorial de la Pasión y Resurrección del Señor Jesús.

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Romanos 8, o la pérdida del Paraíso.

10.07.11 | 16:52. Archivado en Evangelio

La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió.

(Rm 8, 20).

Así expresa Pablo en la segunda lectura de hoy una realidad que creo se medita poco: en la Creación reina un desorden debido al pecado del hombre. Desde el momento en que nuestros padres Adán y Eva desobedecieron a Dios, arrastraron consigo a la Creación, de la que eran primicia y referencia.

En efecto, vemos que al principio “Yahveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera” (Gn 2, 19), y que cuando pecó el hombre “maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás" (Gn 3, 17-19).

Por tanto, queda claro que el pecado del hombre no le afecta sólo a él, sino al suelo, a los frutos y hasta a la hierba del campo. Se trastorna el orden establecido de comunión y, por decirlo así, camaradería entre el hombre y el resto de seres creados por Dios. Ahora el suelo está maldito, ya no es el jardín del Edén: el hombre deberá fatigarse, ver cómo la tierra le da “espinas y abrojos”, sudar, comer pan y volver al fin al suelo, no como criatura predilecta, sino como polvo, entendido aquí como la más fuerte expresión de lo volátil, pequeño e insignificante que es el hombre.

Más tarde, una vez purificada la Tierra con el diluvio, se dirige así Dios a Noé:

Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra.
Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todo lo que repta por el suelo, y a todos los peces del mar; quedan a vuestra disposición.
Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde.
Sólo dejaréis de comer la carne con su alma, es decir, con su sangre,
y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre: la reclamaré a todo animal y al hombre: a todos y a cada uno reclamaré el alma humana.
Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo Él al hombre.
Vosotros, pues, sed fecundos y multiplicaos; pululad en la tierra y dominad en ella».

(Gn 9, 1-7).

Vemos que Dios establece ahora un orden nuevo, es como si empezara de cero su Alianza con el hombre. Pero lo que más llama la atención es que las primeras palabras de esta Alianza nueva – continuación de la primera - sellada con el Arco Iris, son idénticas a las que dirige Dios a Adán en Gn 1, 28:

Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra».
Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento.
Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento».

La diferencia, sin embargo, es que así como en el Edén el alimento para el hombre eran los frutos y la hierba, y la hierba para los animales (por tanto, no se comían entre sí) a Noé le da como alimento a los animales y a las aves, a las que ahora deberá dar “miedo”, cuando en el Edén sencillamente debía “mandar”, o sea, ser primicia.

Dios no vuelve atrás en lo que prometió al hombre cuando lo echó del Paraíso. Pero establece una nueva época, un nuevo orden, condicionado sin embargo al hecho de que el Paraíso ya no pertenece al hombre, que ansiará volver a él. En esta línea cobran sentido las palabras de Isaías cuando profetiza el nacimiento del Mesías (Is 11, 6-9):

Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá.
La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja.
Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano.

Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar.

Si nos fijamos bien, nos daremos cuenta de que Isaías describe el orden primigenio del Paraíso: el lobo ya no se come al cordero, sino que son “vecinos”; el leopardo convive con el cabrito, y sus cachorros “pacerán juntos”, lo mismo que la vaca y la osa, y el león comerá nada menos que paja. Además, el áspid no picará al niño, ni tampoco la víbora. El daño no existirá, sino que Dios llenará la tierra, como las aguas el mar.

Es todo lo contrario de lo que observamos hoy en la Naturaleza: los animales se comen entre sí, el hombre se defiende de la Naturaleza (caza, insecticidas, vacunas, medicamentos…) y la Naturaleza huye del hombre (basta ver cómo huye de nosotros un avecilla con la que nos cruzamos casualmente). En cambio, nos alegramos y admiramos de ver cómo, en ocasiones, el hombre sí logra conectar con los animales, aunque sea sólo un leve espejismo del Paraíso.

De ahí que Francisco sea el hombre nuevo, que habló con el lobo, mandó callar a la cigarra y detuvo el granizo sobre Greccio. Había recobrado esa inocencia original, ese estado de Adán y Eva en el Paraíso… y la Naturaleza, que lo percibía, le respondía.

Pace Bene.


La Ascensión.

05.06.11 | 17:16. Archivado en Evangelio

“… fue elevado, y una nube lo oculto a sus ojos “.

Qué decir de tan bello relato, que no relato, sino verdadera enverbación y, por tanto, Palabra encarnada.

Nos fijaremos, para apartarnos de la exégesis clásicas y más ortodoxas, en la despedida de Jesús y en la mirada penetrante que dejó impresa en los corazones de los presentes.

Jesús los mira con ternura, con amor y transmitiendo todo el “misterion-Reino” que gracias a Su Resurrección, la creación entera empezaba a vivir como verdadera peregrinación a la Tierra Prometida, es decir, Jesucristo.

Esta creación, que gracias a la Iglesia y sus Sacramentos, recibe en cada uno de ellos la Vida Eterna.

Pero, volviendo a la contemplación. a la mirada de Jesús hacia Su Iglesia, vamos a desentrañar los misterios intrínsecos que encierra la misma.

Es un instante intenso que se presume eterno, que parece que el tiempo no transcurre y que, los discípulos, quieren Retener y Acaparar para su corazón. Pero no olvidemos que este tiempo es, como dice san Juan, un tiempo “Kronos”, es decir, un tiempo mundano, finito y exiguo.

Existe un tiempo “Kairos” que lleva toda la Transfinalización, todo el “Concurso Creativo continuo”; en el cual, cada acto, cada suceso, cada Mirada, cada palabra, cada caricia, cada brisa, forma parte del todo – todo holístico según los griegos- en el cual la tesela no es más que una parte del Mosaico que es esta Vida en -desde- con Dios. A este tiempo “Kairos” san Juan le asigna un AMOR-ÁGAPE. Este Amor que nace en el costado de Cristo en la cruz, que baña a “Longinos” cuando le traspasa el costado, es el Amor que lo convirtió a él y que convierte El Pan y el Vino, para transustanciarlos en verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo, por medio de la “epiklesis”.

En la Sangre de Cristo, tal y como sucedió en el Calvario, cuando Longinos traspasó su costado, hubo “Efusión” de Sangre y Agua=Consagración-Sangre y Bautismo-Agua.

El vino-sangre se miscela con el agua-espíritu-asamblea ( Iglesia entera ), como dice una de las exégesis del agua en la que se explica que, el agua, simboliza la “asamblea de cristianos” incorporados al vino y, Ambos, se Transustancializan en verdadero “Cuerpo y Sangre” de Cristo.

A partir de aquí, la mirada efímera y temporal de los hombres, se sustituye con esta Mirada de Vida Eterna, que, como designa el término “Kava”, en hebreo, transmite todo lo que uno contiene en el corazón. Aquí Jesús, transmite a Su Iglesia – todos nosotros – la Fe, la Esperanza y el Amor, pero, de forma especial, la sangre del cristiano: El Amor-Ágape. Esta mirada humana “Transustanciada” en una “MIRADA-AMOR” y encarnada en cada uno de los momentos de nuestra existencia, de nuestra vida, se convertirá en un verdadero signo trascendente, imperecedero y verdadera anticipación de la vida eterna.

Esta mirada es la Mirada que Jesús dirige a Su Madre, la mirada de Jesús a María Magdalena y, cómo no, la de san Francisco a santa Clara. Ahora, nosotros, deberemos preguntar a María, madre de Dios, a María Magdalena y a santa Clara cómo hicieron ellos para devolvérsela a Jesús, cómo Responder, sin reservas, y cómo ser generosos y, a la vez, desprendidos en nuestra Respuesta-mirada.

Sentémonos en el Monte de los Olivos y contemplemos la Mirada de Jesús para poder extraer, de ella, toda la fuerza transcendente y Salvadora de ella y ser verdaderos signos como verdaderos discípulos actuales de los Apóstoles.

Leone. O F S.


A vueltas con la Unción en el Bautismo.

17.01.10 | 19:31. Archivado en Evangelio

"Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió en medio de sus hermanos. Y a partir de entonces, vino sobre David el espíritu de Yahveh. Samuel se levantó y se fue a Ramá" (1 Sam 16, 13).

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Talentos

18.11.09 | 15:45. Archivado en Evangelio

Como la gente seguía escuchando, añadió una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro. El les dijo: "Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida. Llamó a diez de sus servidores y les entregó cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: 'Háganlas producir hasta que yo vuelva'. Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: 'No queremos que este sea nuestro rey'. Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más'. 'Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades'. Llegó el segundo y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más'. A él también le dijo: 'Tú estarás al frente de cinco ciudades'. Llegó el otro y le dijo: 'Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo.
Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigente, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado'. El le respondió: 'Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigentes, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré, ¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses'. Y dijo a los que estaban allí: 'Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más'. '¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!'. Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene. En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia". Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén.

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Cristianos de almohada.

17.07.09 | 19:29. Archivado en Evangelio

Un día, al volver el bienaventurado Francisco a la iglesia de Santa María de la Porciúncula, encontró allí, en compañía de un leproso cubierto de úlceras, al hermano Jacobo el Simple, que había llegado aquel mismo día. El santo Padre le había recomendado aquel leproso, y particularmente todos los demás leprosos que estuvieran más llagados. Hay que tener en cuenta que en aquel tiempo los hermanos habitaban en las leproserías. Este hermano Jacobo era como el médico de los muy ulcerados, y así, con todo cariño tocaba y curaba las llagas y cambiaba el vendaje.

El bienaventurado Francisco dijo al hermano Jacobo en tono de reproche: «Tú no deberías llevar contigo a los hermanos cristianos, pues no está bien ni para ti ni para ellos». («Hermanos cristianos» era el nombre que Francisco daba a los leprosos).

El santo Padre le hizo esta advertencia porque, aunque estaba muy contento de que el hermano les ayudara y sirviera, sin embargo, no quería que sacara del hospital a los más llagados, y en especial porque el hermano Jacobo era muy simple, y con frecuencia iba con algún leproso a la iglesia de Santa María, y, sobre todo, porque las gentes, en general, sienten horror a los enfermos que están muy cubiertos de úlceras. No bien hubo terminado la amonestación, el bienaventurado Francisco se acusó a sí mismo y confesó su culpa al hermano Pedro Cattani, que entonces era ministro general; más que todo, porque creyó que su reprensión al hermano Jacobo había avergonzado al leproso; dijo su falta con la intención de repararla ante Dios y ante el leproso. Habló así al hermano Pedro: «Te pido que apruebes, y en manera alguna me la niegues, la penitencia que quiero hacer». El hermano Pedro respondió: «Como te agrade, hermano». Pues era tal la veneración, respeto y sumisión que el hermano Pedro tenía al bienaventurado Francisco, que jamás osaba cambiar su obediencia, aunque entonces, como en muchas otras ocasiones, quedara por ello afligido interior y exteriormente.

El bienaventurado Francisco dijo: «Mi penitencia será comer de un mismo plato con el hermano cristiano». Cuando se sentó a la mesa para comer con el leproso y con otros hermanos, puso la escudilla entre los dos. El leproso era todo llaga y úlcera; los dedos con los que tomaba la comida estaban contraídos y sangrantes; y así, cada vez que los metía en la escudilla, caía en ella la sangre. Ante esta escena, el hermano Pedro y los otros hermanos estaban estremecidos de pena; pero no se atrevían a decir palabra por respeto al santo Padre. El que escribe estas líneas vio la escena y da testimonio.

(LP 64).

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La Soledad del Hijo de Dios (II)

02.03.09 | 15:37. Archivado en Evangelio

La escena evangélica de la agonía de Jesús en Getsemaní, en la que se le contempla tan cerca de sus discípulos en distancia métrica, pero tan alejado y solo espiritualmente, deja espacio para pensar en las tentaciones que pudo tener en aquellos momentos.

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La soledad del Hijo de Dios (I)

28.02.09 | 11:51. Archivado en Evangelio
Oficio de la Pasión, Salmo II

1Señor, Dios de mi salvación, * de día y de noche clamé ante ti (Sal 87,2).
2Llegue mi oración a tu presencia, * inclina tu oído a mi súplica (Sal 87,3).
3Atiende a mi alma y rescátala, * por causa de mis enemigos, líbrame (Sal 68,19).
4Porque tú eres quien me sacó (R) del vientre materno, ' mi esperanza desde los pechos de mi madre; * desde su seno fui lanzado a ti (Sal 21,10).
5Desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios; * no te apartes de mí (Sal 21,11).
6Tú conoces mi oprobio y mi confusión * y mi vergüenza (Sal 68,20).
7En tu presencia están todos los que me atribulan; * improperio y miseria esperó mi corazón (Sal 68,21).
8Y esperé que alguien se contristara conmigo, y no lo hubo; * y que alguien me consolara, y no lo encontré (Sal 68,21).
9Oh Dios, los inicuos se alzaron contra mí, * y la sinagoga de los poderosos anduvo buscando mi alma; y no te pusieron a ti ante sus ojos (Sal 85,14).
10Fui contado con los que bajan a la fosa; * llegué a ser como un hombre sin ayuda, libre entre los muertos (Sal 87,5-6).
11Tú eres mi Padre santísimo, * Rey mío y Dios mío (Sal 43,5).
12Atiende a mi ayuda, * Señor, Dios de mi salvación (Sal 37,23).

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Es siempre sí

22.02.09 | 18:15. Archivado en Evangelio

Es lo que dice Pablo en la lectura de este domingo, su Segunda Carta a los Corintios. La Palabra es siempre "sí". Cristo, la Palabra que estaba junto a Dios se ha manifestado de una vez para siempre, y en un solo sentido: la Salvación del Hombre que cree en Él.

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La generosidad del Pobre

20.02.09 | 18:07. Archivado en Evangelio

El Poverello, desposado con Dama Pobreza, enamorado de Ella e imitador ardiente de la Indigencia del Hijo de Dios, no consentía sin embargo (y las biografías dan fe) que hubiera alguien más pobre que él.

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El Nuevo Hombre, Nueva Creación

18.01.09 | 17:35. Archivado en Evangelio

Hablábamos hace poco de la visión que tienen los Sinópticos del Bautismo de Jesús. Si bien tienen en común muchos aspectos, también es verdad que Marcos refleja una visión bastante nueva: Jesús es empujado por el Espíritu al desierto. Y decíamos que, a partir del verbo griego ekbalo se daba a entender que el Hijo de Dios, recién anunciado y constituido (dice Luis Ladaria que ontología e Historia no tienen por qué oponerse) es "desembarcado", "derramado", acción que, por su signficado, no se reduce a un ero ir al desierto, sino que se extiende a toda su Vida Pública, incluyendo Resurrección y Ascensión.

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El Bautismo de Jesús, Inmersión y Consagración del Espíritu

11.01.09 | 17:42. Archivado en Evangelio

Para tratar de contemplar mejor el Bautismo de Jesús, nada mejor que comparar los cuatro Evangelios.

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